Hallan en una cárcel de Perú a un hombre al que su familia creía muerto desde 2011

Pidió a la Fundación +34 que localizase a sus padres en Sada para contarles que estaba condenado por tráfico de drogas - El primer año en prisión perdió 25 kilos

19.02.2016 | 10:32
José María Blanco, en una foto de archivo.

Pasaron más de cuatro años desde que José María Blanco desapareció de su casa de A Coruña sin dejar rastro ni dar explicaciones. Nadie sabía que se había embarcado en un vuelo a Perú y que había apostado su futuro al viaje de vuelta, que haría como burrier, que es como se le llama allí a los que ejercen de correo de la droga. Le pillaron y fue condenado a seis años y ocho meses de prisión.

El domingo pasado fue la primera vez, desde 2011, que volvía a escuchar la voz de su padre del otro lado del hilo telefónico. "Mi alegría es enorme, aunque está donde está", relata José María, tras haber dado con un hijo al que creía fallecido desde hace casi un lustro.

Y es que José Antonio no dijo nada, ni cuando le detuvieron ni cuando entró por la puerta del penal Sarita Colonia. Quiso que su historia se detuviese, pero la realidad del otro lado del charco era otra. Su padre le buscó por todas las esquinas, asegura que nunca dejó de hacerlo, aunque la posibilidad de que hubiese muerto se imponía a la de que siguiese vivo. Preguntó a sus amigos, a sus compañeros, a los contactos que tenía en la agenda y también en las redes sociales, buscó y rebuscó durante noches enteras entre los amigos de sus amigos. "No encontré rastro alguno de él. Nadie sabía nada", explica su padre, desde su domicilio en Madrid.

Un día, tras la incesante pesquisa colgó un mensaje, ya desesperado, en su muro de Facebook. "Este es mi hijo, llevo tres años sin saber nada de él, si alguien lo ve o lo conoce agradecería que me lo comunique, os pido por favor que lo compartáis y os doy las gracias", escribía, sin recibir nunca respuesta. Hasta el pasado domingo, cuando se escucharon otra vez.

"Lloramos los dos. Estábamos muy emocionados. Fue solo un minuto de conversación por teléfono, pero conseguí hablar con mi hijo tras cuatro años de búsqueda. Creí que estaba muerto... y está vivo, aunque sea allí", recuerda el padre, que, ahora, una vez recuperado el contacto, empieza a conocer cuál es su estado y las condiciones infrahumanas en las que sobrevive.

En una carta le cuenta que, el primer año en prisión, perdió 25 kilos, que no hay comida y que está arrepentido, tanto, que con el paso de los años ha "llegado a la conclusión" de que prestarse a ser correo de la droga nunca es la solución a los problemas económicos. "Me dijo que se alegraba de su detención porque la droga no había llegado al mercado. Ahora solo espera poder salir de allí", comenta el padre, que cuenta con el apoyo de la Fundación +34, que se encarga de velar por los derechos y el bienestar de los presos españoles „sin delitos de sangre„ que cumplen condena en penales extranjeros.

El silencio, al principio, lo provocó José María Blanco, que no quería decirles a sus padres que estaba encarcelado por intentar pagar las deudas que acarreaba con un viaje de ida y vuelta a Perú. Cuenta el director de la Fundación +34, Javier Casado, la ONG que propició este reencuentro, que ese silencio autoimpuesto lo intentó romper con el paso de los meses pero, entonces, fue el destino el que quiso que no pudiese contactar con su familia.

Desde las paredes de Sarita Colonia escribía cartas a una dirección, la de sus padres, en el Concello de Sada, que nadie recibía porque ya no vivían allí. Se habían separado y él no lo sabía y, a pesar de tener hermanos, la noticia de que seguía vivo quería que llegase directamente a sus padres, así que no intentó otras vías de comunicación. Cuando las cartas le eran devueltas pensaba que ya no querían saber nada de él, así que su vida y la de sus familiares siguieron su curso. Líneas paralelas condenadas a no cruzarse.

"En una visita de las que hacen nuestros voluntarios a los presos españoles en el exterior, se les acercó este chico y les dijo que, por favor, localizásemos a sus padres", comenta Casado, así que, inmediatamente, la maquinaria de Fundación +34 se puso en marcha.

"Él había desaparecido voluntariamente, cuando lo detuvieron no quiso que el Consulado se lo comunicase a su familia, pero ahora quería buscar a sus padres para pedirles perdón y explicarles por qué había hecho lo que había hecho", relata Casado. El mensaje llegó a manos de Marga, una panadera de Arteixo, voluntaria también de la Fundación +34. Ese mismo día, acudió a la dirección que le habían dado, en el Concello de Sada y ya vio que algo no iba bien, que la familia de José Antonio ya no residía allí. Empezó, entonces, las pesquisas en las redes sociales y vio que, en un estado de un perro perdido en la comarca, había comentado una mujer cuyos apellidos coincidían con los del reo, natural del Concello de Moaña. Se puso en contacto con ella y con otros familiares hasta llegar al padre, a quien le dio finalmente la noticia.

Ahora, alerta Casado, empieza otro camino, el de intentar traerlo de vuelta a casa y es que, según explica Casado, ser español en este tipo de prisiones es "un inconveniente", porque entienden el idioma y enseguida son sometidos a "extorsiones y amenazas". "Las prisiones de Perú no son como las españolas. Son campos de concentración. Las mujeres nos contaban que usaban los periódicos que les llevábamos como compresas y, la primera vez que fuimos a una de estas cárceles, vimos que, con un mismo cepillo de dientes, se lavaban los dientes 71 españoles", relata Casado, que aboga por que los encarcelados puedan cumplir sus condenas en España.

LA EXTRADICIÓN QUE NO TODOS CONSIGUEN

En la actualidad 1.735 españoles cumpliendo condena en el extranjero; 50 de ellos son gallegos y 15 están encarcelados en Perú. Tres personas han perdido la vida desde que empezó 2016 en prisiones lejanas. A todos ellos, explica Javier Casado, respalda la Fundación +34, que lleva este nombre por el prefijo que se ha de marcar, desde cualquier lugar del mundo para llamar por teléfono a España. "Da igual que seas rico que pobre, ese número nos iguala a todos", comenta Casado. La lucha es la extradición a España de los presos, pero no siempre lo consiguen, ni siquiera en los países que tienen acuerdos. Casado explica que la Valedora do Pobo está de su lado y que ha empezado a "presionar" a la Xunta para que firme un acuerdo como el de Castilla La Mancha, que financia el tratamiento sanitario de los reos de su comunidad en el exterior.

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