Boaventura de Sousa Santos Catedrático en la Facultad de Economía de la Universidade de Coimbra

"Nuestra soberanía en la UE no es compartida, ha sido mutilada de forma antidemocrática"

"En Europa vivimos un doble neoliberalismo: el de las élites estatales y el de la 'troika" - "Me preocupa mucho que en Podemos los círculos estén siendo marginados"

20.02.2016 | 01:54
El catedrático portugués, Boaventura de Sousa, ayer en el Paraninfo de A Maestranza.

Histórico impulsor del Foro Social Mundial, Boaventura de Sousa Santos se ha convertido en los últimos años en una de las voces más autorizadas de la izquierda y la economía crítica a nivel internacional. Conocedor de cerca de las experiencias políticas vividas en Latinoamérica en la última década, este catedrático en la Facultad de Economía de la Universidade de Coimbra es uno de los invitados estrella de las jornadas que entre ayer y hoy se celebran en A Maestranza bajo el título 'A historia da Europa Decolonial e da Europa dos pobos sen Estado', organizadas por la Alternativa Galega de Esquerdas en Europa

-Habla usted de la necesidad de descolonizar Europa. ¿Qué implica eso en el marco de la actual Unión Europea?

-El trabajo de descolonizar Europa es muy complejo porque la propia Europa está en el origen del colonialismo moderno. En el continente tenemos muchos fenómenos de colonialismo. Por ejemplo, están las expresiones del llamado colonialismo histórico de ocupación, de responsabilidad europea, como el que vive el pueblo saharaui, y del que poco se habla. También tenemos formas de colonialismo interno: el de las naciones sin Estado, y en eso Galicia es un ejemplo de colonia interna dentro del Estado español, y el que se produce dentro de la UE, es decir, el de Estados sin Estado. Portugal o España, por ejemplo, vieron su soberanía mutilada de manera antidemocrática. No es una soberanía compartida, sino que ha sido mutilada. Después está la cuestión del racismo, la xenofobia y la islamofobia, del que es necesario descolonizar en el continente. Una lucha anticolonial tiene que ser una lucha contra el capitalismo y, obviamente, una lucha por la democracia.

-Podemos en el Estado español, Syriza en Grecia, pero también Jeremy Corbyn en Reino Unido o Bernie Sanders en EEUU. ¿Es casualidad esta emergencia de una nueva izquierda o hay algún elemento que los une?

-Estos movimientos son el resultado de un tipo de capitalismo neoliberal. Es un modelo que ha creado una concentración de la riqueza extraordinaria y repugnante porque no se basa en la producción de bienes y servicios, sino en la financiarización del capital, y que también ha destruido todas las salvaguardas a la hora de proteger al medio ambiente. Lo podemos ver con el tratado de libre comercio TTIP. Además, es un modelo que tampoco permite el crecimiento económico, la única razón que podría llevar a las clases populares a apoyarlo, porque es ante todo un movimiento especulativo que no crea empleo. Pero esta hegemonía es contradictoria, como el propio capitalismo, y está creando sus propios movimientos de resistencia en todo el mundo. En Europa, concretamente, son muy difíciles de organizar porque afrontamos un doble neoliberalismo: el de las elites locales que gobiernan en los Estados y el de la Comisión Europea y el resto de instituciones europeas.

-Pero hasta ahora también había habido partidos de izquierda. ¿Cuáles son las claves del éxito de estas nuevas formaciones?

-En cada país son diferentes pero creo que su éxito reside en tener una nueva relación con los movimientos sociales. Para la vieja izquierda solo había un movimiento social, que era el sindical, y ahora esto cambia. En segundo lugar, tienen una nueva lógica organizativa ya que, con contradicciones, procuran que dentro del partido haya más democracia participativa.

-Mucha gente de los movimientos sociales ha llegado ahora las instituciones. ¿Se corre el riesgo de que estos movimientos queden descabezados?

-Es algo que me preocupa mucho y creo que podemos aprender de América Latina. Cuando tienen victorias electorales, los movimientos sociales tienden a descansar y se desarman. Sin embargo, ese es el primer día que deben aumentar la lucha porque, una vez en el poder, van a ser sujetos a mil presiones antipopulares. En segundo lugar, con las victorias electorales, muchos movimientos envían a sus cuadros políticos y profesionales al Gobierno y quedan decapitados. Eso ocurrió en Brasil de forma dramática en el movimiento sindical, en el que los mejores líderes acabaron en ministerios y nadie se preocupó de alimentar a los movimientos de base. Por eso, veo con mucha preocupación la dinámica de participación dentro de Podemos, con quien simpatizo, y que sus círculos internos estén siendo marginados y se estén perdiendo las articulaciones con los líderes del partido.

-Syriza generó una gran esperanza de cambio en Europa y acabó claudicando ante la troika. ¿Qué lecciones saca de lo ocurrido en ese país?

-De Grecia se aprendió que existe una contradicción común a los pueblos europeos, que no quieren austeridad pero tampoco quieren salir del euro. Este es un gran problema desde que el euro en sí mismo significa austeridad. Syriza no pudo anticipar esta contradicción en las representaciones populares de lo que es la política hoy en Europa. En Portugal, por ejemplo, se aprendió. Con este nuevo gobierno, no se puso en cuestión ni al euro ni a la Unión Europea, y se apostó por unir fuerzas para comprobar si, asumiendo las reglas de la UE, es posible cambiar algo y radicalizar la democratización. Si ahora no es posible hacerlo, al menos que no se diga que no lo intentamos.

-¿Y si la vía portuguesa también fracasa?

-Si una postura más moderada también falla, y si eso ocurre será por culpa del ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, tendremos que ver seriamente qué es lo que pasa en Europa. Es cierto que Portugal y Grecia son Estados pequeños, pero si se suma España, que es una gran economía, las cosas pueden cambiar. Es importante que tengamos más gobiernos de izquierda para poder alterar la política europea. Si esto no fuese posible, volveremos a la época de los nacionalismos, y ahí solo hay dos opciones: que sean nacionalismos progresistas, de los débiles; o que sean nacionalismos de poderosos, como el de Alemania. Y yo a quien realmente temo es a este último.

-¿Y usted cree que la UE es reformable desde dentro?

-Es la pregunta del millón. La izquierda está totalmente dividida a este respecto y todas las posturas cuentan con buenos argumentos. Está la idea de una salida del euro para que los países recuperen alguna soberanía económica, otros apuestan por desacelerar la propia UE, otros por intentar una reforma... Cuando la crisis llegue a Alemania es posible que los países del sur estemos preparados para proponer una reforma de la UE. Es una apuesta. ¿Puede fallar? Claro, pero la política siempre tiene riesgos.

-Hablaba de aprender de lo vivido en América Latina. Después de lo ocurrido recientemente en Venezuela o Argentina, ¿cree que se está asistiendo al final de un ciclo de gobiernos de izquierda?

-Absolutamente. Estos gobiernos progresistas hicieron algo sin precedentes en el continente al integrar en la élite política a clases sociales que no tenían cabida antes. En Brasil, por ejemplo, 50 millones de personas salieron de la pobreza. Fue un proceso con contradicciones porque se hizo una redistribución social asentada en el modelo de desarrollo neoliberal, fundamentalmente en la explotación de recursos naturales. Sin embargo, todo esto no empujó a la derecha al centro, como alguno podría pensar, sino que la hizo bascular al extremo. Esto es una violencia en el sentido de que, de ninguna manera, admite que hay posibilidades de políticas más centristas. Las condiciones europeas son distintas pero es bueno que la gente vaya siendo consciente de lo que ocurrió allá.

-La prensa económica habla de una posible recesión a nivel mundial. ¿Está Europa preparada para afrontar esto?

-Pienso que no. No podemos olvidar que la crisis de 2008 fue resuelta por quien la creó: Wall Street, que en un año o dos ya estaba obteniendo beneficios. No se aprovechó esa ocasión para poner contra las cuerdas al capital financiero e, incluso desde una lógica capitalista, volver al capitalismo productivo. Hoy una pequeña empresa capitalista que quiera crear empleo tiene dificultades enormes, especialmente a nivel de crédito. Europa no está segura y el 2016 será un año muy incierto.

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