El movimiento vecinal La evolución

La causa vecinal, ayer y hoy

Los históricos del asociacionismo en los barrios de la ciudad constatan un debilitamiento progresivo de la actividad grupal, intensa en sus orígenes, "acomodada" desde el mandato de Vázquez y cuestionada en la actualidad

09.05.2016 | 10:04
Miembros de entidades en el salón de plenos, con la presidenta de la federación vecinal, segunda por la izquierda.

El movimiento vecinal en la ciudad carece hoy del vigor que tuvo en sus primeros años, entre mediados de los setenta y comienzos de los ochenta, coinciden históricos del asociacionismo en los barrios. Entonces, el fin de la dictadura, el ansia de participación democrática en la vida municipal y las notables carencias urbanísticas suscitaban un fervor de intervención que no ocultaba sus motivaciones ideológicas ni políticas, pero que se fue mitigando con el mandato de Vázquez. Hoy persiste el afán reivindicativo por mejoras en los barrios a través de asociaciones vecinales y de la federación, mientras desde la oposición en la Corporación y desde áreas próximas al Ejecutivo local se cuestionan iniciativas participativas o la actividad de colectivos de vecinos

Participar en un ayuntamiento democrático, debatir en asambleas, organizarse y reivindicar mejoras en los barrios. No es el resumen de un decálogo, es un listado elemental de las motivaciones que llevaron a las primeras asociaciones vecinales de la ciudad a constituirse hace 40 años, con el fin del franquismo. La del Barrio de las Flores fue la primera, le siguieron las de Atochas-Monte Alto y Labañou. No son muy distintas aquellas razones de las que estos colectivos han promovido hasta hoy, unos desde el protagonismo activo, otros desde la acción discreta; unos con independencia ideológica, otros con afiliaciones políticas; unos afines a quienes gobernaban, otros alineados junto a los grupos de la oposición.

El escenario no es el mismo: ha aumentado la población, han crecido barrios y surgido otros y las acciones y operaciones urbanísticas han mejorado zonas y multiplicado servicios, pero al mismo tiempo han perturbado históricos patrimonios vecinales o impedido satisfacer antiguas reclamaciones. Y en este tiempo los gobiernos locales han lucido distinto color político.

El urbanismo "irracional" que predominaba en los años setenta, la "falta de equipamientos" en los barrios y denuncias concretas por la desaparición del Plan General de Ordenación Urbana o por el intento de privatizar los terrenos donde hoy se asienta la Ciudad Deportiva de A Torre fueron motivos determinantes que movilizaron a los vecinos más combativos, según repasa Ricardo Vales, histórico asociado de As Atochas-Monte Alto, en su breve ensayo de la década pasada Trinta anos de movemento veciñal coruñés. Todo ello, explica, en un entorno muy politizado y marcado por una firme aspiración que motorizaba a los primeros colectivos: otorgar mecanismos democráticos al Concello tras la prohibición del asociacionismo en la dictadura.

En el presente, la movilización vecinal en general, articulada en torno a la Federación de Asociaciones de Vecinos de A Coruña pero también activa en colectivos descontentos con el grupo, reclama más capacidad de intervención para difundir las necesidades urgentes de los barrios. Lo hace en un clima de inesperadas turbulencias, provocadas por las críticas de la oposición al Gobierno de Marea por la puesta en marcha de una iniciativa que pone en contacto directo al Ejecutivo con los vecinos, el programa Dillo ti, y por la desconfianza respecto a la relevancia vecinal y la vinculación política de las asociaciones manifestada públicamente por el asesor del alcalde.

"El movimiento vecinal está tradicionalmente cooptado: por asalto, el BNG; por convenio, el PSOE; y por liberalización, el PP, que creó en cuatro años un circuito paralelo de asociaciones vecinales", dijo Iago Martínez, jefe del gabinete de Alcaldía, en un encuentro de candidaturas municipalistas el mes pasado en Barcelona. Sus palabras hirieron a la federación vecinal: "Cuando este señor nació las asociaciones ya estábamos trabajando", protesta la presidenta, Luisa Varela. No fueron los únicos que se sintieron dañados por el asesor de Xulio Ferreiro, ya que Martínez llamó "orcos" -los malos de la trilogía fantástica de El Señor de los Anillos- al resto de partidos de la Corporación y a algunos trabajadores municipales.

Hay quien piensa que el movimiento vecinal coruñés, tal como fue concebido en 1975, "se acabó" cuando Francisco Vázquez fue elegido alcalde en 1983. Esta idea se la transmitió Marcelino Liste a Ricardo Vales con el cambio de Gobierno. "Domesticó a las asociaciones de vecinos, que con Domingos Merino y López Menéndez tenían mucha actividad, comisiones propias e influencia, y colaboraban con el Gobierno municipal sin dejar de reivindicar. Con Vázquez perdieron protagonismo en una época de especulación urbanística y se acomodaron", señala Vales.

Liste fue el primer presidente de la federación. "El único independiente", enfatiza Vales, "que defendía que una entidad vecinal no debe ser el eco de un partido ni depender de conjeturas políticas". Le sucedieron Margarida Vázquez, Carlos Castro, José Antonio Folgueira y Luisa Varela, todos con afiliación o militancia en diferentes partidos.

"Los intereses de los movimientos sociales deben ser antagónicos a los de las instituciones. Si se confunden, el movimiento vecinal se muere porque los gobiernos van a manipular a las asociaciones", cree Francisco Graña, uno de los fundadores de la agrupación del Agra do Orzán. Advierte en estos 40 años un debilitamiento progresivo de la actividad vecinal por más de una razón: "Faltan agallas y gente preparada para enfrentarse al Concello. Y en estos tiempos de descrédito hacia la política, la desilusión y la apatía llega a los movimientos sociales".

Otra explicación a la difuminación de la voz del vecino la aporta Margarida Vázquez, presidenta de la federación y luego edil del BNG con responsabilidad en el área de Participación del Gobierno bipartito: "No es tanto la acomodación de los vecinos como la falta de énfasis en temas como la colaboración entre colectivos del mismo barrio y de agrupaciones entre sí".

Vázquez reitera que "las asociaciones vecinales son un instrumento de participación que cada gobierno debe tener en cuenta". Pero ni el de Vázquez, ni el bipartito del PSOE y el BNG ni el de Carlos Negreira fomentaron la intervención de los vecinos a través del reglamento municipal. El Gobierno de Marea ha abierto un escaño al vecino para que hable en los plenos y le ha dado voz en el Dillo ti, iniciativas que no parecen del agrado de la oposición.

La presidenta vecinal, Luisa Varela, tampoco aprecia ahora el acercamiento institucional y añora tiempos, no tan lejanos, de mayor relevancia en la vida municipal: "Cuando gobernaba Javier Losada se tuvo en cuenta a la federación; con el PP fuimos a reuniones de hechos consumados y se crearon colectivos sin actividad; y Marea nos dice que somos necesarios pero demuestra que no cree en los vecinos".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
 

esquelasfunerarias.es
Enlaces recomendados: Premios Cine