La ciudad que viví

Los años del barrio cinematográfico coruñés

En la época de mi juventud Os Castros era una de las zonas más populares, famosa por sus fiestas, a las que acudía gente de toda la ciudad y en la que la que se presumía de las películas rodadas allí

15.05.2016 | 03:41

Nací en la antigua avenida de General Sanjurjo, donde me crié y viví hasta que me casé, tras lo que me instalé en la zona de Riazor. Mis padres, Gustavo y Cristina, que también tuvieron a mi hermano Tabo, fueron muy conocidos en el barrio, ya que mis abuelos habían nacido ya allí y él, que fue cantero, trabajó en la construcción de la cárcel, el colegio Dequidt y la avenida de Lavedra.

Mi padre trabajó en Fertiberia y la Cros, aunque también tenía mejilloneras frente a la playa del Lazareto y era el propietario de la famosa lancha de Santa Cristina conocida como La Chinita, que vendió cuando mi hermano y yo nos casamos, ya que no queríamos trabajar tanto como él. Recuerdo que se la vendió al Ayuntamiento de Betanzos para las jiras de Os Caneiros, en las que participó muchos años hasta que la desguazaron.

Mi primer colegio fue el de las hermanas Ferreñas, que estaba en la avenida de los Caídos y del que me quedó un mal recuerdo porque nos las hacían pasar canutas y nos castigaban mucho, por lo que casi todos los compañeros que tuve piensan lo mismo que yo. Después estudié en la escuela de don Manuel, en la calle Claudio San Martín, donde terminé el bachiller y conocí a los que fueron mis amigos de toda la vida, como los hermanos Frías, Moncho, Manolo Brañas, Isidro de la Cal, Chicho Vázquez, Bolita, Rilo, Mario el santiagués, Dona el joyero y Dominguitos Durán, con quienes lo pasé estupendamente dentro de las carencias que había, por lo que la calle era nuestra sala de estar.

Recuerdo que un día que jugábamos al che, mi amigo Chicho lo tiró y le rebotó en la tierra, tras lo que se le clavó en la mano a Isidro y tuvimos que llevarle al practicante Castañeda, que vivía en nuestra calle, ya que la Casa de Socorro quedaba lejos. Cuando nos aburríamos, bajábamos hasta la estación del Norte para buscar chapas de las botellas que se vendían en los trenes que venían de Madrid, ya que desde los coches cama se tiraban de Cinzano y de las cervezas León y Águila, que eran muy cotizadas por los chavales para jugar con ellas.

Otro juego con el que disfrutábamos eran las competiciones con carritos de madera, con los que nos tirábamos por las calles con más pendiente aprovechando el poco tráfico que había. Como siempre me gustó jugar a la pelota, junto con varios amigos de la pandilla me apunté al equipo del Atlético de Os Castros, en el que estuve cinco años, tras lo que pasé al Perillo y luego al Sada, en los que estuve hasta los veinte años, edad en la que me fui a la mili. Como jugador del Os Castros tuve la suerte de participar en el equipo que fue subcampeón de la ciudad jugando contra el Ural, en la época en la que fue presidente el señor Frías, quien siempre nos llevaba a los campos de fútbol de La Granja en su furgoneta, cuando aún estaba en construcción la avenida de Lavedra. Recuerdo que el presidente del Ural era Augusto César Lendoiro y que quien organizaba los campeonatos de fútbol infantil era Diego Vela, delegado del Frente de Juventudes e íntimo amigo suyo.

Nuestra playa preferida era la del Lazareto, que siempre estaba abarrotada de gente y en la que la mayoría de nosotros aprendió a nadar tirándonos desde las escaleras del lugar conocido como O Puntal. Nuestros puntos de reunión en el barrio era los bares Begoña, Rufino y el Manco. También me vienen a la memoria las grandes fiestas de Os Castros, que todo el barrio vivía con ilusión y a las que acudía gente de toda la ciudad. En aquellos años en el barrio circulaba el eslogan que decía: "América tiene Nueva York y La Coruña, el barrio cinematográfico de los Castros", ya que allí se habían rodado películas como La familia y uno más.

Durante un partido conocí a la que sería mi mujer, Puri, con la que tengo un hijo llamado Carlos, quien nos dio un nieto, Hugo. Fue mi mujer quien me hizo dejar el fútbol, ya que perdía mucho tiempo para esta con ella y me dio un ultimátum, aunque en la actualidad no me arrepiento. Mi primer trabajo al acabar los estudios fue de aprendiz de mecánico en Talleres Castelo, situado donde hoy está el Mirador de Os Castros, y seguí en esta actividad el resto de mi vida laboral.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
 

esquelasfunerarias.es
Enlaces recomendados: Premios Cine