La sombra crispada de Losada

Las diferencias salariales entre empleados municipales provocaron hace diez años el boicot de funcionarios a los actos públicos del alcalde, al que increparon en cada visita o inauguración

15.05.2016 | 03:41
Funcionarios increpan a Javier Losada, sonriente, en la inauguración de la plaza Isaac Díaz Pardo en 2006.

Al alcalde Losada le perseguía una sombra ruidosa y enfadada en cada acto público desde mayo de 2006 y durante más de un año. Funcionarios le marcaban de cerca para boicotearle presentaciones en la calle o inauguraciones porque exigían salarios equiparados entre el personal municipal. El conflicto no se resolvió hasta mediados de 2007

Pitos, gritos, abucheos, pancartas increpadoras, gestos hostiles. El alcalde socialista Javier Losada se acostumbró a esta banda sonora y a este escenario adverso durante año y medio en prácticamente todos los actos públicos organizados en la calle a los que acudía. Ocurrió entre comienzos de 2006, aún con Francisco Vázquez en la Alcaldía antes de marcharse a la embajada española en el Vaticano, y el verano del año siguiente. No eran vecinos descontentos o furiosos los que protestaban, sino funcionarios del Ayuntamiento crispados por las diferencias salariales entre empleados que reflejaba el convenio colectivo que el Concello había firmado con UGT y al que se oponían CCOO, CSI-CSIF y CIG. El 16 de mayo de hace una década iniciaban su campaña de boicot a las comparecencias callejeras de Losada con una sonora pitada en la inauguración de la plaza Isaac Díaz Pardo en la segunda fase de Elviña.

Los gritos y silbidos impidieron aquel día escuchar las palabras de Losada en el acto, mientras el homenajeado no sabía dónde meterse. El alcalde no pudo terminar su discurso ni a viva voz después de que el micrófono le fallase. Un grupo de trabajadores se acercaron a Díaz Pardo para explicarle que no protestaban contra él sino contra Losada por negarse a equiparar los salarios.

Al día siguiente el Gobierno local trasladó al Gobierno estatal las protestas de los funcionarios y solicitó ante la Subdelegación la apertura de una investigación para identificar a los manifestantes. Esa actitud no hizo desistir a los empleados municipales de sus quejas, pues habían anunciado que estarían ante la Fundación Luis Seoane para estropear un nuevo acto público del alcalde con motivo del Día das Letras Galegas. Dicho y hecho. La escena se repitió en su esencia, esta vez con atrezo policial: tres unidades y tres furgonetas custodiando el recinto.

"Por una valoración de los puestos justa", rezaban algunas pancartas en aquel y en otros boicots a Losada, como en un acto en el parque de Santa Margarita o en las inauguraciones de la plaza Indalecio Prieto y del mercado de la plaza de Lugo. Desde febrero colgaba otra pancarta junto al Ayuntamiento que exigía el convenio colectivo "justo". También en la plaza de María Pita, en aquellos días de mayo, el Concello ordenó a una patrulla del 092 vigilar de noche la fachada de la casa donde vivía Losada, a escasos metros del Palacio Municipal; nunca otro alcalde había requerido antes una custodia similar.

El clima de crispación continuó los meses siguientes. El conflicto duró hasta el verano siguiente. Intensas negociaciones entre los sindicatos opuestos y la edil de Personal, Obdulia Taboadela, sirvieron para acercar posturas y perfilar próximos acuerdos laborales que a la postre cumplieron, más o menos, las demandas de los funcionarios.

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