La ciudad que viví

La primera 'cinturón negro' coruñesa

En 1976 decidimos que nuestros hijos practicaran yudo, pero mi marido y yo también lo hicimos, lo que con el paso de los años me permitió competir en campeonatos gallegos y nacionales

22.05.2016 | 03:04

Nací en la calle Castrillón, pero a los pocos meses de vida mi familia se mudó a la de Canteira de Eirís, donde estuvimos hasta que cumplí los seis años y volvimos a la de Castrillón. Años más tarde nos trasladamos a Travesía del Montiño, junto a las Carmelitas, donde vivimos hasta mis diecisiete años, para volver una vez más a Castrillón, detrás del edificio de la Telefónica, donde me quedé hasta que me casé.

Mis padres, Manuel y Flora, eran muy conocidos en el barrio porque él era zapatero y le llamaban Lolo. Su local estaba junto al bar de Berta en O Montiño, mientras que mi madre fue empacadora en el muelle pesquero. Mi primer colegio fue el de la Inmaculada Concepción, conocido como Tudes, donde tuve como amigas a Manolita Lago, Mari Carmen Martínez, Berta Rilo, Maribel Leal y Olguita Pastor, a quienes se sumaron las de la calle Montiño, como Chelito Sánchez, mi amiga más íntima y con quien sigo teniendo una gran relación, y las de A Gaiteira, Mari Carmen Vázquez y Marisa.

Con todas ellas pasé una infancia y juventud inolvidables pese a que en aquellos años se desarrollaba la II Guerra Mundial, por lo que faltaba de todo y mis padres, al igual que otros, tuvieron que trabajar muchísimo para salir adelante, por lo que les agradezco el esfuerzo que hicieron. Lo que más lamento es no haber podido estudiar, ya que siempre tuve la ilusión de hacer Medicina, aunque estos estudios estaban fuera del alcance de la mayoría de los coruñeses.

Recuerdo que podíamos jugar en la calle con total tranquilidad, ya que además los alrededores eran todo monte. Las niñas teníamos menos libertad que los niños y cuando se hacía tarde nuestras madres nos llamaban a grito pelado desde las ventanas para que volviéramos a casa, mientras que los chavales se podían quedar hasta más tarde. Los domingos podíamos ir de vez en cuando al cine con las amigas a las sesiones infantiles del Gaiteira y Monelos, que eran los más próximos y baratos.

A los catorce años tuve que ponerme a trabajar para ayudar en casa y aprender un oficio. El más común para las mujeres en aquella época era el de costurera, por lo que comencé de niña de los recados con varias modistas y a los diecinueve años terminé trabajando con Leonor Parga, que era la modista más conocida de la ciudad. Luego decidí dedicarme a la pintura, ya que era una actividad que siempre me había gustado, por lo que me pasaba muchas horas pintando y dibujando.

Comencé en un taller de pintura y marroquinería llamado Morodo, cerca de Riazor, donde aprendí lo imprescindible de este oficio, hasta que años después me dediqué a pintar y dibujar en casa paisajes de Galicia y Asturias, además de grabados para joyerías. En esos años entré en el coro de Cántigas da Terra, donde conocí al que sería mi marido, José Antonio, con quien cumplo ahora las bodas de oro, y tuvimos cuatro hijos: Marcos, Gonzalo, Álvaro y Almudena, quienes nos dieron una nieta llamada Sara.

La de la pintura fue una etapa interesante que me dio a conocer, por lo que hubo años en los que tenía lista de espera para los encargos, aunque en 1971 tuve que dejar este trabajo debido a que tenía que cuidar de cuatro hijos. Cuando fueron mayores me dediqué a vender libros, seguros y pisos. En 1976 decidimos que los niños practicaran yudo, deporte que también practiqué en la primera clase que se impartió en la ciudad para mujeres. Como me gustó, lo seguí practicando junto con mi marido e hijos, por lo que años después participé en campeonatos de Galicia y fui la primera mujer en obtener el cinturón negro y representé al Judo Club Coruña en campeonatos por toda España.

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