Condenado por destrozar un bar tras enfadarse por perder a su perro

"Entró vociferando y con los ojos fuera de sí porque se le había escapado el can", relató durante el juicio un cliente

23.06.2016 | 02:06

Un vecino de la ciudad fue condenado por causar destrozos en un bar de Riazor tras enfadarse por haber perdido a su perro. El procesado, según consta en la sentencia, entró en el establecimiento sobre las 00.20 horas del 21 de octubre de 2014 y comenzó a pegar puñetazos en las mesas. Después, salió, rompió una de las mesas que estaba anclara en la terraza y se la llevo a rastras. "Acto seguido, regresó para ponerse a darle puñetazos a una mesa del interior hasta romperla", relata la magistrada del Juzgado de lo Penal número 5 de A Coruña en el fallo, en el que también destaca que cuando volvió a salir del bar cerró "con gran fuerza" la puerta, lo que provocó que se rompiesen el cristal y los topes. Además, el imputado arrojó al suelo de un manotazo el móvil de un cliente que había cogido el terminal para alertar a la policía. Los destrozos ocasionados en el establecimiento hostelero fueron tasados en 1.395 euros, mientras que el teléfono que rompió fue valorado en 175 euros.

La juez indica en la sentencia que el procesado no tenía relación con el propietario del negocio ni con ninguno de sus clientes. La titular de Penal 5 no tuvo en cuenta a la hora de dictar la pena la atenuante de embriaguez, tal y como solicitaba la defensa. Así, arguye que los afectados testificaron que el hombre estaba "muy alterado" por haber perdido a su perro, pero "en ningún caso manifestaron nada sobre un posible estado de embriaguez". La magistrada lo condenó como autor de un delito de daños a pagar una multa de 2.700 euros, así como a indemnizar al dueño del negocio con el importe en el que fueron tasados los destrozos que causó -1.395 euros- y al propietario del móvil que rompió con 175 euros.

El propietario de la vinoteca declaró durante el juicio que el acusado entró en el local "muy alterado preguntando por un perro llamado Moncho" y golpeando las mesas. Uno de los clientes señaló que el procesado accedió al bar "vociferando y con los ojos fuera de sí" porque se le había escapado el can. El testigo y los demás clientes relataron que intentaron "calmarlo", pero que fue imposible porque el acusado "comenzó a subir más el tono y a dar patadas a las mesas".

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