Una de las víctimas de los chabolistas revela que pasaban partes al seguro tras pegarle

Una conversación de teléfono móvil indica que alguien pidió un "criado" a uno de los acusados y que este le contestó que podía ir por la zona del "albergue" para encontrarlo

16.07.2016 | 00:56

Uno de los agentes de la Policía Nacional que, ayer, declaró en la vista en el que se juzga a cuatro chabolistas acusados de maltratar a indigentes para quedarse con su dinero, explicó que, en uno de los teléfonos móviles que los investigadores encontraron en el registro de la finca, hallaron una conversación de WhatsApp entre uno de los acusados y otra persona, a la que no llegaron a identificar, en la que le solicitaba "un criado para ahora".

En la conversación, según explicó el agente, el acusado le contesta a su interlocutor que puede ir "por la zona del albergue", a ver si ve a alguno. Este policía nacional también indicó que los forenses informáticos habían conseguido rescatar de un teléfono móvil, un vídeo en el que se veía a una de las víctimas peleándose con otra persona, a la que no llegaron a identificar. "Se escuchaban voces jaleándole, diciéndole a Ramón [una de las víctimas] que pegase más fuerte", dijo el agente, que ubicó el lugar en el que estaba grabado el vídeo, como la "finca" de Ledoño en la que residían los chabolistas y los indigentes.

Declararon también ayer los agentes de la Policía Local que dieron la voz de alarma a la Policía Nacional y al Ayuntamiento, después de encontrarse de manera casual con uno de los acusados y otras dos personas. En mayo de 2011, la Policía Local recibió el aviso de que "era común" que se forzasen los contenedores de papel para robar su contenido. En una jornada de trabajo, estos agentes recibieron el aviso de que había una furgoneta roja, identificaron al conductor como Joaquín, y vieron que algo no cuadraba en la escena. "Nos extrañó porque no pegaba con ellos, los otros eran gitanos, él era rubio de ojos claros y era el que hacía todo el trabajo", comentó uno de los agentes, sobre José, otra de las víctimas. "Nos miró como pidiendo auxilio", resumió el policía. "Con una cara como cuando perro está asustado", describió el otro, y fue entonces cuando ambos decidieron hablar con él en solitario. José les contó "susurrando" que le "pegaban todos los días" y que, desde que estaba con ellos [con los acusados Joaquín y André], no era dueño de "sus movimientos ni de su dinero". Según la declaración de los agentes, incluso les mostró "una brecha en la cabeza, en la que tenía tres grapas" y "laceraciones" en la espalda y en las piernas. Fue entonces cuando dieron parte a la Policía Nacional y activaron un protocolo de ayuda municipal.

El conductor del vehículo aseguró a los agentes que estaba cuidando de su compañero José porque tenía problemas mentales y negó que le tuviese retenido. Incluso llegó a mostrarles documentación médica de la víctima para probar que le estaban prestando ayuda.

Declaró también ayer otra de las víctimas, que denunció a los acusados en Vigo, después de haber estado con ellos en dos ocasiones. La primera, según su testimonio, se marchó de Portugal con ellos porque le prometieron un trabajo, "cinco euros por montar y desmontar" chiringuitos. Aseguró que le "metieron en un cortijo" y que, al principio, ni siquiera tenía cuarto de baño y que, en una ocasión, Joaquín había intentado encerrarlo, pero no lo había conseguido, pero le "amenazaba" con hacerlo y aclaró que le pegaban "todos los días", incluso, "varias veces" en la misma jornada. Esta víctima aprovechó una fiesta en la que estaban trabajando y escapó, pero fueron a Portugal a buscarle. "Joaquín estuvo un tiempo sin pegarme, pero después me pegó otra vez", comentó José que apuntó además a que, tras los golpes "con tablas y un cinturón", iba al médico y presentaban partes al seguro como si las heridas se hubiesen producido en accidentes de tráfico. Según las pruebas aportadas por el Ministerio Fiscal, se cursaron partes por valor de más de mil euros. "Yo solo firmé. El dinero lo cobró Joaquín", sentenció la víctima.

En el juicio salieron también los casos de Ramón, que "barría y limpiaba" y al que Joaquín pegaba si no le llamaba "papá", según el testimonio José. Hablaron también de Plácido -ahora fallecido-, un hombre que dormía en el portal de una zapatería en San Andrés, y que propició la investigación de los casos, al denunciar que estaba retenido contra su voluntad en Ledoño por dos matrimonios. Una trabajadora de Cruz Roja, que se preocupó porque Plácido había dejado de acudir a sus citas en la institución, declaró que ella reconoció a la persona que le acompañaba cuando volvió.

"Ese día vino con André, que es usuario mío, porque yo le doy pañales a su pareja, y Plácido me dice abatido que viene a buscar una documentación", explicó la trabajadora, entonces, como su reacción no le pareció "normal" y no se creyó que ambos fuesen "amigos", hizo pasar a Plácido solo, a una sala en la que les explicó la situación en la que estaba viviendo. "Nos dijo que estaba retenido, en una caseta, que había perros, que tenía que recoger patatas, que no le daban de comer, que pasaba frío, que estaba desorientado, que lo habían cogido un día por la noche, que le habían metido en la furgoneta con el saco y que le habían dicho que eran de la policía secreta", comentó esta trabajadora. Otra de sus compañeras añadió, además, que Plácido les había dicho que estaba "amenazado de muerte". En el registro de la finca los agentes encontraron una pistola.

La vista continuará el martes, a las 10.00 horas. El Ministerio fiscal pide para los acusados -Joaquín y André y sus parejas- entre 55 y 91 años de cárcel.

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