Hace una Década

El mercado de la plaza de Lugo cumple diez años

El exalcalde Javier Losada ensalzaba en julio de 2006 la nueva plaza de abastos da Guarda, en la plaza de Lugo, que calificaba como "el mejor mercado del mundo"

31.07.2016 | 11:02
Página de LA OPINIÓN del jueves 27 de julio de 2006.

Amigo de glorificar los logros del socialismo coruñés, Javier Losada encumbraba hace diez años el nuevo mercado da Guarda en su reapertura, reformado tras casi tres años. "Es el mejor mercado de España", les repetía a las placeras y comerciantes, que habían protestado su traslado a la plaza de Pontevedra. "Y del mundo", llegó a decir el exalcalde

Javier Losada era proclive a magnificar las obras que emprendía y concluía su Gobierno cuando era alcalde. A veces lo hacía con convencida seguridad y hasta extremos desmedidos. Como cuando inauguró en la plaza de Lugo el nuevo mercado da Guarda, hace justo una década. "El mejor mercado de España", proclamó ante los medios allí mismo. "Tenéis el mejor mercado del mundo", les dijo a los trabajadores de la instalación, cuya reforma había comenzado casi tres años antes. Las concejalas socialistas Pilar Valiño y Mar Barcón asentían emocionadas; a la segunda, todavía hoy en la Corporación municipal, se le caían las lágrimas.

La ocasión parecía histórica. Losada no se cansó de ensalzar las "magníficas instalaciones" que presentaba aquel miércoles 26 de julio y que no abrirían a los clientes hasta el lunes siguiente. Se dedicó a mimar en exceso a los comerciantes, que durante el derribo de la vieja plaza de abastos y las obras iniciadas en 2003 se tuvieron que desplazar a un mercado provisional instalado en la plaza de Pontevedra, no sin protestas.

Era por tanto obligado encumbrar las virtudes del nuevo inmueble al que regresarían los placeros. "Hoy es un día de fiesta para la ciudad", prosiguió el eufórico alcalde, arropado por sus concejales y por su antiguo jefe, el embajador Francisco Vázquez. "Este es un monumento al compromiso, al imperio de la verdad", siguió Losada en tono propagandístico.

El nuevo y moderno mercado da Guarda, diseñado por el arquitecto coruñés Jacobo Rodríguez Losada, contaba con 156 puestos: 95 en la planta baja para pescadería, 29 en el primer piso para carnicería y aves y 29 en el nivel bajo cubierta para 17 puestos de frutas, seis de quesos y huevos, cuatro de flores, dos de pan, uno de frutos secos y lechería, y dos para otros usos.

El proyecto, en el que se invirtieron 21,5 millones de euros, incluía la mejora del entorno de la plaza de Lugo, en el que se convirtió en peatonal el tramo entre las calles Picavia y Payo Gómez, lo que supuso el soterramiento de la circulación rodada en esa zona para agilizar el tráfico. El paseo exterior se realizó con losas de granito y se renovaron instalaciones y servicios, como el alcantarillado, el suministro eléctrico, la iluminación, comunicaciones, gas y señalización.

"Hemos pasado de un edificio horrible a un edificio maravilloso; de una plaza obsoleta a la plaza mejor que hay en España; de unos servicios completamente inexistentes a todos los servicios que hay aquí", continuaba Losada desmelenado al comparar los dos mercados y antes de que el párroco de Santa Lucía bendijese la instalación.

En la milla de oro

Los aplausos que el exalcalde recibió de comerciantes e invitados convivieron aquel día con los pitos y gritos que los funcionarios municipales dedicaron a Losada en la calle. Llevaban medio año boicoteando sus actos públicos para reclamar que el Gobierno local modificase de forma más justa la relación de puestos en el Ayuntamiento, a lo que se resistía el regidor. Hasta increparon a placeras que se disponían a entrar en el edificio.

El mercado da Guarda se ha consolidado en la plaza de Lugo en la última década, revitalizada con la implantación de tiendas de diferentes productos y marcas de primer nivel. Ahora la zona es una milla de oro en la que se pueden comprar valiosas joyas y bolsos y excelente marisco de las rías gallegas. Poco menos de un año después de aquella inauguración histórica, la plaza dio la bienvenida a otro inquilino comercial que reforzó la zona todavía vías: la FNAC, que ocupó una planta y el sótano.

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