La "gran familia" del agradecimiento

Algunos usuarios de entidades sociales como la Cocina Económica o el Comité Antisida prestan su tiempo y sus conocimientos como voluntarios para ayudar a los que, algún día, les tendieron la mano

21.08.2016 | 19:21
La "gran familia" del agradecimiento

Muchos de los que ahora son voluntarios de asociaciones como la Cocina Económica, el grupo 24 horas de Alcohólicos Anónimos o el Comité Cidadán Antisida da Coruña (Casco) no tenían ni idea de que instituciones así prestaban servicio en la ciudad. Desconocían que los que ahora se han convertido en su "gran familia" llevaban ya años tejiendo una red invisible, de esas que sirven para que nadie se caiga, para que, quien así lo decida, pueda cogerse bien fuerte y rehacerse, empezar de nuevo y pasar la barrera de ser usuario a ser, si así lo quiere, voluntario. Denniston Clemente, Marcelo Deliens, Fernando Puga, J.R. y Jenaro Castro cuentan cómo, a diario, devuelven con su tiempo la ayuda que les prestaron estas instituciones cuando no veían un futuro para sus vidas

Algún día necesitaron ayuda y, lejos de apartarle la mano, hubo instituciones, personas al fin y al cabo, que se la tendieron, que les mostraron que, para ellos, había un camino y que solo tenían que atreverse a andarlo. Han crecido como personas y, ahora, han decidido devolver esa ayuda recibida poniendo a disposición de otros su tiempo y su experiencia. Son voluntarios de asociaciones, ONG o instituciones que han pasado la barrera de ser solo usuarios a formar parte de lo que ellos llaman su "gran familia".

Saben que el camino no ha sido fácil, que cuesta mucho enfrentarse, por ejemplo, a dejar de beber, plantearse una vida lejos del alcohol cuando todos sus recuerdos, buenos y malos, están regados con combinados, cervezas y, a veces, incluso, con vino de cartón, del que solo se toma para olvidar, para llegar a la borrachera lo antes posible y despertar aterido al día siguiente. No ha sido fácil, pero agradecen el no haberse sentido solos, el tener un teléfono al que llamar o una cita a la que acudir para poder seguir adelante, para cruzar la meta que se habían marcado.

Jenaro Castro tiene 63 años y no falta ni un solo día a la Cocina Económica, hace bocadillos para que los que están en la calle o pasándolo mal, como él lo estuvo alguna vez, por lo menos, no tengan hambre. Tiene muy claro que seguirá echando una mano en la institución hasta el día en el que le digan que ya no precisan de su ayuda, aunque, a la vista de los que se sientan en el comedor cada mediodía, cree que esa frase no la escucharán sus oídos. Denniston Clemente Tovar es venezolano y, gracias a Ecos do Sur, consiguió regularizar su situación en España. Ahora, apoya a otros inmigrantes desde las oficinas de la ONG. Marcelo Deliens supo desde el primer día que pidió ayuda en el Comité Cidadán Antisida da Coruña (Casco) que no podía quedarse quieto, así que, la institución le dio una plaza en un piso tutelado y él, como agradecimiento, hace "lo que haga falta". "Si hay que ir a montar una carpa a Lalín u organizar un concierto, allá voy", dice convencido. Son solo algunas de las historias que se esconden tras las paredes de instituciones que muchos desconocen que existen hasta que, un día, "por cosas de la vida", las necesitan.

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