Crítica

Los tres tenores

05.09.2016 | 00:23

Concierto de doble homenaje. De A Coruña a Celso Albelo, tenor que hoy se halla al más alto nivel en el mundo de la ópera y que la ciudad descubrió y adoptó como suyo hace diez años; y de Celso Albelo a A Coruña, por la que siente una predilección especial tras esa década de visitas anuales en que revalida grandes triunfos. El público, tras dedicarle hasta tres veces aplausos rítmicos (después de otros tantos bises), lo despidió, puesto en pie, entre aclamaciones. Lo hemos hecho nuestro. Como antes sucedió con Carlo Bergonzi y con Alfredo Kraus. No erró el fino oído de los coruñeses al identificar de inmediato a tres tenores que aquí hacían sus primeras armas operísticas (Kraus también en la zarzuela, con una inolvidable Doña Francisquita) y que se convirtieron en divos poco tiempo después. Además, Albelo es canario, como Kraus, por quien siente una absoluta admiración; y, para colmo de coincidencias, fue discípulo de Bergonzi. Todos ellos, educados en la más pura línea belcantista para gozo del entendido público de esta ciudad, que aún cuenta con muchos aficionados que han educado la voz y conocen bien la técnica vocal. Albelo frasea de modo perfecto; expresa con intensidad y contención del sentimiento; utiliza con acierto la regulación dinámica (messa di voce, reguladores del volumen que se abren y cierran con elegancia), ataques impecables, canto a flor de labio, notas en cabeza con la boca bien abierta? Alguien lo dijo con voz bien audible: "¡Eres un grande!". El pianista Parra acompañó con acierto y ofreció dos interludios, sendas fantasías de salón de William Vincent Wallace, pertenecientes a las óperas Don Pasquale y La traviata. La presidenta de la asociación, Natalia Lamas, y el director artístico, César Wonenburger, fueron invitados a subir al escenario para compartir una jornada triunfal.

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