Adicciones en jóvenes

Casi el 40% de los alumnos de Secundaria admite que apuesta dinero en juegos de azar

La asociación Agalure realizó un estudio con 830 estudiantes de quince y 16 años de centros de A Coruña en el que 300 revelaron que podrían tener un problema con las apuestas

16.10.2016 | 19:11
Gerardo Rodríguez y José Manuel Recouso, en el salón de actos de Agalure.

No necesitan consumir nada, su adicción no está relacionada con las sustancias, sino con las nuevas tecnologías, con las apuestas deportivas y con los juegos de azar. Cuando ganan su conducta se reafirma y, cuando pierden, creen que es solo "una mala racha". Desde Agalure, una asociación que trata problemas de ludopatía y otras adicciones, que tiene su sede en O Birloque, saben que eso nunca pasa y que, sin ayuda, la situación siempre va a peor.

Agalure realizó, entre octubre del año pasado y junio de 2016, un estudio en 16 centros escolares, quince de la ciudad y uno de la comarca, para saber cuál era la relación de estos jóvenes con las apuestas. En teoría, como menores de edad que son, no deberían tener acceso a los juegos de azar, sin embargo, de los 830 alumnos participaron de manera anónima en el estudio -todos ellos de cuarto de Secundaria, con quince o 16 años- 300 respondieron que sí a alguna de las cuatro preguntas que les planteaban desde Agalure. "¿Crees que tienes o has tenido algún problema con el juego?; ¿te sientes culpable por jugar o por lo que te ocurre cuando juegas?; ¿intentaste alguna vez dejar de jugar y no fuiste capaz de hacerlo? y ¿cogiste alguna vez dinero para jugar o para pagar deudas?". Hasta 125 alumnos respondieron afirmativamente a más de una pregunta y un 10% reconocía delante de sus compañeros que apostaba.

"Algunos hasta enseñaban los cartones de juego", recuerda el secretario de Agalure, Gerardo Rodríguez, que indica que, cada vez, son más las personas que acuden a sus instalaciones en busca de información, con deudas de miles de euros, habiendo traspasado varias líneas que creían infranqueables, como suplantar identidades o solapar créditos rápidos para satisfacer sus ansias de seguir jugando.

"En el azar no podemos influir", sentencia Rodríguez, que ha visto casos de todo tipo, entre ellos, el de un joven de 19 años con una deuda de 90.000 euros por el juego.

El psicólogo clínico de Agalure, José Manuel Recouso Ramos, asegura que, si antes las personas que se iniciaban en el juego tardaban unos cinco o seis años en desarrollar la adicción, ahora "el periodo de latencia" es mucho menor, de apenas un año. En muchos casos, las familias no se dan cuenta del problema hasta que llegan las deudas y el banco les dice que la fuga que han tenido en sus cuentas de ahorro no es un error, sino el fruto de la ludopatía.

Primero, las apuestas se hacen sobre seguro, poniendo poco dinero, sobre todo si son menores, y haciéndolo del lado del grande, reafirmando en cada apuesta ganada el conocimiento del deporte en cuestión. Sin embargo, esa apuesta segura que da poca rentabilidad, no funciona y, entonces, buscan "la sorpresa", ese resultado que no entra en los planes de nadie, pero que podría convertirles en millonarios. "Empiezan a apostar al perdedor", define el psicólogo de Agalure. Y ahí, entran las compañías que dan créditos rápidos y los adictos que piden uno para pagar otro y las incansables maniobras para intentar "recuperar" todo lo perdido, así que, empiezan a apostar a cualquier cosa, "la liga india", "los galgos", "los caballos"... y en esa persecución del golpe de suerte las deudas se hacen cada vez más grandes.

Y Rodríguez se acuerda de una de las películas de Fast and Furious, en la que dos personajes apuestan diez millones de dólares al rojo y otros diez al negro, pensando en que, cuando la ruleta dejase de girar, serían todavía más ricos. La bola, sin embargo, cae en la casilla del cero. Gana la banca.

El aumento de la publicidad, lo fácil que resulta y lo inmediato que es formular una apuesta y conseguir un resultado, así como la "vista gorda" que hace el Estado con el incumplimiento de la ley son algunos de los puntos en los que los expertos se detienen para explicar por qué sube el número de personas que pide ayuda. Señalan que la situación es tan irregular que hasta los niños de San Ildefonso, un icono de la Navidad, sacando y cantando los números del Gordo, no deberían participar en ese espectáculo. "Son menores y no tendrían que tener contacto con el juego", resume Gerardo Rodríguez.

En la asociación explican que, para combatir estas adicciones sin sustancias es necesario "cambiar de hábitos", seguir unos pasos y no bajar la guardia, no en vano, los usuarios de Agalure hacen revisiones aproximadamente durante dos años. No niegan que existan recaídas en el proceso de recuperación, aunque ambos apuntan a que la reincidencia es muy baja, porque lo que se cambian son los cimientos, las bases sobre las que se sostenía la adicción.

Y, ¿por qué una apuesta que parece inofensiva se puede convertir en una pesadilla? El psicólogo de Agalure tiene claro que el hecho de creer que sabemos de todo, que podemos ser entrenadores, que podríamos formar un gobierno estable y de descubrir grandes estrellas del cine o de la canción ayuda a desarrollar una adicción más allá de la ludopatía. En todos los casos, los jugadores "magnifican" la ganancia y ocultan la pérdida, como si acertar no fuese la circunstancia "extraordinaria" y que el dinero se lo lleven otros "lo normal".

Los usuarios que se enfrentan a la rehabilitación tienen que volver a aprender a administrar su economía, a fortalecer su voluntad frente al juego, así como a tolerar la frustración y recuperar la confianza de la familia, que es un proceso muy largo. "Cuando vienen les decimos que tienen que pedir tiques de todo. Si van al supermercado, al estanco o al bar a tomar un café, tienen que guardar el recibo", explica el psicólogo, de este modo, justifican sus gastos y tienen una prueba tangible de a dónde ha ido a parar su dinero.

No hay un perfil que defina a los ludópatas ni a los alcohólicos ni a los adictos a las compras o a los juegos sino personas con diferentes grados de satisfacción en sus vidas. Entre los motivos que Recouso Ramos pone encima de la mesa como detonantes para entrar en este bucle de buscar la sensación "de reafirmación" están, entre otras, los problemas personales, la frustración y los conflictos..." El terapeuta no se centra solo en las apuestas que se pueden hacer en internet o en las máquinas de los bares, este diagnóstico vale también para videojuegos o compras.

"Hay jóvenes que se pasan muchas horas jugando por un tema de prestigio y llegan a usurpar la identidad de sus padres usando sus tarjetas para comprar herramientas que le ayuden a crecer en el juego", comenta Recouso Ramos, que ve en el retraimiento una de las claves para identificar alguno de estos problemas.

Y en el caso de las redes, ¿cómo se puede descubrir el problema? José Manuel Recouso anima a poner especial atención a los cambios en el comportamiento, si les produce nerviosismo e irritabilidad haberse dejado el teléfono en casa e, incluso, si se producen agresiones a los padres si le dicen que le van a quitar internet, el juego o el teléfono.

Y pone el foco también sobre los que ya se han rehabilitado antes de otra adicción. "Si una persona soluciona un problema, por ejemplo, de adicción al tabaco o al hachís, lo que puede llegar a suceder es que aparezca por otro lado, que busque otra actividad placentera y gratificante que sea socialmente aceptada y que no le genere tantos problemas. Eso pasa, por ejemplo, con las compras compulsivas, porque hasta dependiendo de lo que compres te puede dar hasta un reconocimiento social, o en el juego, que está en la calle y, cuando gano, se entera todo el barrio", resume.

En menos de un mes y medio hasta 22 personas han pedido cita en Agalure y, actualmente, la entidad atiende a unos 200 usuarios, algunos de ellos por adicción al móvil o a las redes sociales, la mayoría por el juego, y algunos otros por las compras. "No todos se quedan, pero la mayoría lo hace", dice Rodríguez. En Agalure se quejan de que les falta espacio para poder atender a más usuarios y para hacerlo en unas condiciones apropiadas, ya que del otro lado de la pared hay alumnos de gaita y flauta.

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