Testimonio de la primera beneficiaria de la renta social municipal

"Llevaba varios meses en una situación desesperada, la renta ha sido una alegría"

Una cubana nieta de gallegos es la primera beneficiaria de la renta social - Perdió la Risga al superar los 65 años y no recibía pensión por llevar menos de 10 años en España

02.12.2016 | 13:08

Prefiere no revelar su identidad pero la suya es una historia pionera. Se trata de la primera beneficiara de la renta social municipal, la gran apuesta política del Gobierno municipal en su primer año y medio de mandato. Tiene 65 años pero hace casi seis que llegó a la ciudad procedente de Cuba. Aunque nunca había pisado tierras gallegas, el aterrizaje fue un reencuentro con sus raíces. Sus abuelos, naturales de Ortigueira, emigraron en el siglo pasado a la isla buscando un futuro mejor, de ahí que ahora ella conserve la nacionalidad española.

Los inicios fueron duros y su vida en esta Europa poscrisis nunca le ha permitido vivir con holgura. Las cosas se torcieron aún más a partir de mayo. Hasta entonces cobraba la Renta de Inserción Social de Galicia (Risga), pero dejó de percibirla por pasar la barrera de los 65 años. A esa edad, la mayor parte de los beneficiarios compensan la pérdida de la ayuda autonómica con el cobro de la pensión no contributiva, que en 2016 llegó a 367,90 euros al mes. No fue su caso. Al no llevar en España diez años -cumplirá los seis en marzo- tampoco tenía el derecho a recibirla. "Me quedé sin ninguna ayuda y entré en una situación impresionante, desesperada", asegura emocionada.

Sin familia en la ciudad a la que poder agarrarse y viviendo en un piso compartido con desconocidos, pudo continuar pagando el alquiler de su habitación gracias a ayudas municipales. Encontrar un trabajo se convirtió en este tiempo en misión imposible para una persona de su edad en una Galicia en la que la tasa de desempleo supera el 15%.

De la renta social se enteró por la prensa. Nada más leer titulares sobre una nueva ayuda, se puso en contacto con una de las trabajadores sociales de su centro cívico de referencia, el de Monte Alto. "Iba todos los días allí y me informé durante todo el proceso", asegura. Aunque reconoce que suena a tópico, insiste emocionada en resaltar su "agradecimiento" a los funcionarios que se encargaron de tramitar su solicitud. "Más allá del dinero, para la gente desvalida, como yo, tener el apoyo moral y el cariño de estas trabajadoras es muy importante, te da calor", explica esta mujer.

Este miércoles le comunicaron que había sido aceptada como beneficiaria de la prestación. Fue la primera solicitud resuelta después de dos meses de espera, el periodo que establece la ordenanza para resolver las peticiones y que en este caso se cumplió a rajatabla: la ayuda se solicitó el 30 de septiembre y se aceptó el 30 de noviembre. "Es un servicio nuevo, entiendo que no pueden dar pasos a la ligera", dice.

La renta social obliga a quien la recibe a participar en itinerarios de inserción social y laboral. A sus 65 años, no puede aspirar ya a un puesto de trabajo, por lo que lo compensará colaborando como voluntaria en una organización solidaria de la ciudad, en la que participa de forma altruista e ininterrumpida desde hace tiempo.

Su ayuda será de 531 euros mensuales que se irán revisando cada seis meses, hasta un máximo de 18. ¿Ve con temor el futuro a partir de entonces? "Primero vamos a ver si llegamos allá", ironiza. La ordenanza de la renta fija en año y medio el máximo pero abre la posibilidad a ampliar el plazo si los técnicos municipales lo estiman necesario.

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