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La ciudad que viví

Una vida volcada en el sindicalismo

Toda mi actividad laboral la desarrollé en empresas del sector del metal, en las que fui delegado de UGT en una época marcada por numerosos conflictos y cierres de factorías, como la de Sidegasa

24.12.2016 | 03:11

Nací en el municipio de Sober, en Lugo, donde mis padres, Manuel y Anunciación, se dedicaban a trabajar la tierra. Vivíamos en la casa de mi abuela materna, Carolina, y tanto mis hermanos Pilar, Manuel y Paulino, como yo tuvimos que ayudar a nuestros padres en las faenas agrícolas, aunque como yo era el más pequeño tuve la suerte de no trabajar tanto como ellos y poder venir a esta ciudad a la casa de mi hermana, situada en el alto de Eirís, junto a la estación de la radio costera.

Mis primeros estudios los hice en Monforte, hasta que a los catorce años vine a estudiar en la Escuela de Maestría, donde hice la especialidad de mecánico fresador. Los mejores amigos los hice cuando empecé a jugar al fútbol en Monforte, primero con los equipos A Peña, Piñeira y Monforte. Al trasladarme aquí fiché por el Negreira, donde tuve como entrenador a Tino Ruiz, que era subteniente del Ejército. Después de hacer la mili estuve en el Miño y luego en el Orzán, donde fuimos campeones de segunda división.

Al terminar los estudios comencé a trabajar en Aluminios de Galicia y luego en Emesa, tras lo que pasé a Sidegasa, aunque acabé mi vida laboral en la planta de trefilería de Emesa en el polígono de Sabón. Durante mi vida laboral fue representante de UGT en la rama del metal y en la época en la que estuve en Sidegasa me tocó vivir muchos cierres de empresas de este sector y muchas huelgas, conflictos y manifestaciones.

Recuerdo cuando el entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, vino a la ciudad y que cuando estaba en el aeropuerto de Alvedro rodeamos su coche entre gritos e insultos de los muchos trabajadores que nos concentramos allí, que casi llegamos a volcar el vehículo, por lo que el susto que se llevó fue de campeonato.

Había meses que me los pasaba entre Madrid y A Coruña participando en negociaciones intensas por las reducciones de personal que se hacían en las factorías españolas, especialmente en las que se dedicaban al acero y sus derivados. En una de las concentraciones que se hicieron en la planta de Sidegasa en Teixeiro fui detenido por la Guardia Civil, ya que como era detenido siempre venían a por mí, aunque aquel hecho no tuvo consecuencias.

En muchas asambleas de trabajadores había guardias civiles camuflados que en ocasiones iban luego a casa a detenernos o a preguntarnos cosas sobre las manifestaciones o reuniones en las que nos habían visto. En 2014 dejé el sindicato, en cuyo último congreso participé como dirigente y en el que tuve a grandes compañeros como Salinas, Neira y Roberto Teixido.

Aunque el trabajo y el sindicato me quitaron mucho tiempo para divertirme, pude seguir saliendo con mis amigos de juventud, con los que jugaba al fútbol y además salía por las calles de los vinos. Donde solíamos parar mucho era en el salón cafetería del Kiosko Alfonso, que en esa época del año dejaba de ser cine para convertirse en café de espectáculos, por lo que siempre estaba a tope, tanto dentro como afuera para ver las actuaciones de las orquestas y los artistas sobre un gran palco. Muchos de ellos habían participado en el programa de Desfile de estrellas, de Radio Juventud.

Cuando estaba en Emesa, un compañero, Julio Salinas, montó su propio equipo de la liga de peñas, llamado Espiga, cuya sede social estaba en la calle Ángel Rebollo. Fue así como volví al fútbol, en el que también jugué en el equipo de Emesa, que fue uno de los mejores entre los de las empresas junto con los de Astano y Bazán, ya que teníamos a los jugadores más conocidos del Orzán, Fabril y Deportivo, como Manolete, Cholas, Mirós, Tonecho, Oregui o los hermanos Piña. Llegamos a jugar los campeonatos nacionales de empresas en Barcelona y en los principales que se organizaron hasta que el equipo desapareció en los años ochenta.

Tengo que destacar que estoy casado con una coruñesa llamada Susana, a quien conocí un día que fui con mi pandilla a las fiestas del Rosario en la Ciudad Vieja y con quien tengo una hija llamada Beatriz.

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