Un estafador es condenado por violar a una prostituta que huyó de su chalé por la ventana

El procesado obligó a la víctima a permanecer en la vivienda, de la que no podía salir, y le advirtió de que nadie escucharía sus gritos porque estaba insonorizada

28.04.2017 | 10:28
El procesado, en el banquillo de la Audiencia.

Uno de los estafadores con más causas pendientes de España, Roberto Neira Reigosa, ha sido condenado a seis años de cárcel por violar a una joven que ejercía esporádicamente la prostitución en su chalé de Lorbé (Oleiros) en mayo de 2011. El tribunal de la sección primera de la Audiencia Provincial de A Coruña considera probado en la sentencia que el imputado contactó de madrugada con la víctima, con la que ya había mantenido relaciones sexuales a cambio de dinero. El procesado se presentó en la vivienda de la afectada, situada en Arteixo, y entonces le insistió para que aceptase desplazarse con él a un piso de la plaza de Pontevedra de A Coruña. A cambio, prometió pagarle más dinero, unos 300 euros. Una vez en el coche, se detuvo en una oficina de la avenida de Peruleiro y, después, la convenció para que lo acompañase a una vivienda de Lorbé, a la que accedieron por el garaje.

Al entrar en la casa, le dijo que no podía pagarle en metálico y le ofreció un cheque, a lo que la joven se negó y le pidió irse del chalé. El procesado reaccionó propinándole una bofetada y arrojándola contra el sofá. Después, le quitó la ropa y la violó. "Grita lo que quieras que la casa está insonorizada", le espetó mientras la agredía sexualmente. El imputado le advirtió de que no se iría de la vivienda hasta que estuviese satisfecho sexualmente. A continuación, la obligó a hacerle una felación. "Tú te vas a quedar aquí los días que a mí me dé la gana", le aseguró, según relatan los jueces en el fallo, en el que indican que la víctima cogió una botella de champán y se la estampó en la cabeza "ante el temor de no poder salir de allí". El condenado se cayó al suelo, pero consiguió levantarse y agarrar por los pelos a la joven, a quien obligó a subir al piso superior y a hacerle otra felación. Después, bajaron al salón y el procesado se quedó medio adormilado en el sofá, circunstancia que aprovechó la víctima para ir al cuarto de baño y escapar por la ventana. Tras cruzar el jardín, en el que había perros sin bozal, descalza y semidesnuda, saltó una valla, salió a la calle y timbró en las viviendas de la urbanización hasta que un vecino le abrió la puerta y la auxilió.

El tribunal destaca la "veracidad" del testimonio de la víctima, así como la "lógica correspondencia de su relato con las circunstancias en las que se desarrollan los hechos, corroboradas por datos objetivos reveladores de la situación de dependencia respecto al acusado una vez que la llevó a la vivienda".

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