Rock y skate para iglesias sin culto

11.06.2017 | 17:24
La antigua capilla de Santa María de Oza junto al itnerio de la iglesia de Santa Bárbara de Coruño, en Llanera (Asturias).

La capilla de Oza es el único templo sin culto en la ciudad que se mantiene medianamente en condiciones. Fue sede parroquial y tuvo cementerio hasta mediados del siglo XIX. Con una titularidad compartida entre la Universidade da Coruña y el Sergas, tuvo dos rehabilitaciones en las últimas dos décadas pero ninguna sirvió para darle uso regular, a pesar de que en el inventario patrimonial de la UDC figure como sala de conferencias. Desde auditorio hasta viviendas y una pista de skate, el abanico de segundas vidas que se le han dado a inmuebles religiosos de todo el mundo es de lo más heterogéneo.

El templo original fue levantado en el siglo XII, época de la que se conservan apenas vestigios, según el libro Templos Coruñeses, de Carlos García Cortés, que relata que, a finales del XIX, el Arzobispado de Santiago cedió la capilla al Lazareto y pasó después al recién inaugurado Sanatorio Marítimo de Oza en 1910. Quedaban dos años para la anexión con A Coruña y, pese a la resistencia de la feligresía, el centro de la vida religiosa se acabó desplazando a la actual sede de Monelos. Vivió dos rehabilitaciones, una en 1993 y otra en 2011, realizada de urgencia por el Sergas al denunciar la asociación Bardos Cultural, liderada por el fallecido José Temprano, que la espadaña se inclinaba peligrosamente.

Y hasta hoy. A su lado, además, está el faro de Oza, también cerrado y perteneciente a la Autoridad Portuaria, con planes aún sin concretar para dotarlo de actividad vecinal, cultural y recreativa. En A Coruña sí existe un ejemplo de reprogramación de un templo, el de San Antonio de A Grela, obra de un patronazgo nobiliario en el XVIII, firmado por dos maestros del barroco compostelano, Simón Rodríguez y Clemente Fernández Sarela. Es hoy el centro municipal de empresas, inaugurado por Javier Losada y Henrique Tello cuando compartían gobierno en julio de 2010.

Fuera de A Coruña, uno de los proyectos más emblemáticos, por veterano y por estar en el corazón de la ciudad, es el Bilborock, sala de conciertos, teatro, cine y actividades culturales instalada en una iglesia del XVII que acaba de cumplir dos décadas. El Ayuntamiento bilbaíno compró el edificio en los 90. Acaban de abrir un proceso de participación pública para "reinventarla" tras dos décadas.

Los usos pueden ser todavía más profanos. En la localidad asturiana de Llanera y por iniciativa privada, una antigua capilla asociada a una fábrica de explosivos de Santa Bárbara cerrada desde la Guerra Civil y que fue adquirida por un empresario. Ser un skate park no era el objetivo cuando lo compró. Parado cualquier proyecto por la crisis, se acabó convirtiendo en la llamada capilla sixtina del skate por iniciativa del hijo del nuevo propietario, amante de esta práctica, y del colectivo Church Brigade. Hace dos años fue decorada de manera espectacular por Okuda San Miguel.

Es el caso más curioso pero no el único: una discoteca en la iglesia de San José en Milán, una cervecería en Pittsburgh, una librería en Maastrich, un hotel en Santo Estevo de Ribas de Sil... siguen esta lista de segundas vidas.

Otro ejemplo está en Salamanca. Zara se instaló en el antiguo convento de San Antonio El Real, Bien de Interés Cultural, en 2005. La reforma del edificio del siglo XVIII corrió a cargo además de una antigua alumna de la Escuela de Arquitectura de A Coruña, Sonia Vázquez. En la ciudad hay un convento también reutilizado, el de las Capuchinas, hoy Museo de Belas Artes de Zalaeta gracias a Gallego Jorreto.

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