Emilio Quesada Exedil y periodista que presenta 'En aquella Coruña...'

"Todo buen coruñés debe pasar una vez al día por el Obelisco, ese rito se ha perdido"

"En A Coruña había muchos tontos oficiales. Hoy no queda ya ninguno; quizá, para compensar, quedan ilustres tontos"

16.06.2017 | 20:30
Emilio Quesada posa con un ejemplar de su libro.

Orgulloso de ser coruñés, Emilio Quesada hace un repaso a las historias de la ciudad desde los años 50 hasta finales de siglo XX, echando de menos los paseos por los Cantones y la lancha que navegaba hasta Santa Cristina. En su libro, no critica lo nuevo, tan solo muestra una época en la que salir a cenar era un lujo

Acompañado por el exalcalde Francisco Vázquez, Emilio Quesada presentó el jueves en el Sporting Club Casino su libro En aquella Coruña... en el que recopila anécdotas y situaciones inéditas que recuerda o que le han contado. "Pequeñas historias que también hacen historia", resume.

- ¿Cómo surgió la idea de elaborar este libro?

-Había escrito una serie de artículos locales, de temas coruñeses, en varios periódicos, entre ellos en LA OPINIÓN en la década del año 2000, así que se me ocurrió hacer una recopilación de todos esos asuntos cambiando la redacción para que no fuese una cosa literal y armonizar todo ese conjunto en un libro que yo creo que ha salido bastante bien.

- ¿Qué cuenta en él?

-Muchas vivencias personales y otras que me han contado y que son fiables. Yo he tenido una vida muy activa en la ciudad ya que he sido concejal durante 16 años, funcionario público, periodista... y eso me ha dado una riqueza de conocimientos, de matices, de vivencias, de costumbres y de anécdotas que me han servido mucho para construir el libro. Es una serie de pequeñas historias que también hacen historia.

- De las anécdotas, ¿cuál es su favorita?

-La de Camilo José Cela con una señora, pero es bestia. No la puedo contar, mejor leerla. Es muy fuerte.

- ¿Una más suave?

-La de Marcelino, el del Cantón. Era un anglófilo durante la Guerra Mundial. Había estado embarcado en buques mercantes ingleses y estaba muy preocupado porque los submarinos alemanes hundían muchos barcos ingleses en el Canal de la Mancha. Y tuvo una idea de locos, pero genial, que era adoquinar el Canal de la Mancha y ponerle ruedas a los barcos ingleses. De esa manera, los submarinos no podían disparar hacia arriba.

- Marcelino era uno de los muchos personajes que poblaban la ciudad en aquella época. ¿A quién más recuerda?

-En aquel momento en A Coruña había muchos tontos oficiales. Hoy no queda ya ninguno, quizá, para compensar, quedan ilustres tontos. Me acuerdo de Clemente, Lilo, Meirama, Panchito, la Paca, Manolita... Todos coincidieron en los años 40 y 50. Aquel era un mundo espectacular de tontos pero todos les respetaban.

- ¿Recuerda alguna historia personal en la que también aparezcan esos personajes?

-No, no tuve mayor trato con ellos. Sí que recuerdo bien a Manolita, que era una señora de piernas arqueadas como si fuera un soldado de caballería o un extremo izquierdo de fútbol. Llevaba escarpines blancos y vestía con colores muy fuertes como verde, azul, amarillo, rojo? Era horrible. Ella se metía con todo el mundo que se metiera con ella. Si le decías algo, se encaraba y te ponía a parir. Era tremenda.

- ¿Cree que la ciudad ha cambiado mucho?

-Sí, ha evolucionado. Antes era una pequeña capital de provincia y ahora es más importante. También tiene una comarca muy populosa y antes sitios como Oleiros, Cambre y Sada eran aldeas. Todo eso crea un volumen de gente tremendo que viene a trabajar a la ciudad pero luego se vuelve a sus respectivos domicilios a las afueras.

- ¿Y qué le gusta de ese desarrollo?

-El nivel de vida que hay. Los restaurantes están llenos, antes era un lujo tremendo. Se iba el día del santo y por casualidad. No había nivel económico para eso y hoy en día los domingos hay que reservar sitio si quieres comer fuera.

- ¿Echa algo de menos?

-La lancha de Santa Cristina, las tertulias del café Galicia y la costumbre de ir de tazas por las mañanas, que ahora ya no se puede hacer por los horarios en los trabajos. Además, se ha perdido la costumbre de que todo buen coruñés debe pasar por lo menos una vez al día por delante del Obelisco. Eso era un rito, igual que el paseo por los Cantones. No se podía ni andar de la gente que había.

- ¿Cambiaría alguna cosa?

-No, echo cosas de menos pero qué se le va a hacer. Yo no me lamento, me limito a recoger historias. No juzgo si es bueno o malo lo de ahora, mi intención es contar cómo era A Coruña desde los años 50 hasta finales de siglo, hasta Paco Vázquez.

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