La ciudad que viví

El venezolano que volvió a Santa Cruz

Mis padres abandonaron Oleiros en su juventud para emigrar a Venezuela, donde nacimos mi hermana y yo, que volvimos en nuestra juventud con mi madre a la casa de mis abuelos tras la muerte de mi padre

10.09.2017 | 03:19

Nací en Caracas, ya que mis padres, María y Juan, que habían nacido en el municipio de Oleiros, decidieron emigrar a Venezuela tras el cierre de la fábrica de zapatos de Ángel Senra, en la que él había trabajado. Mi padre fue el primero en marchar y se casó allí por poderes, hasta que dos años después mi madre se reunió con él y nacimos mi hermana y yo, que somos mellizos. Al morir mi padre, decidimos regresar e instalarnos en la casa de mis abuelos maternos en Oleiros, donde ya solo vivía mi abuela Eulogia.

Aunque vivimos en Venezuela unos veinte años, todos los años a partir de los seis venía aquí de vacaciones, por lo que hice muchos amigos, casi todos de Santa Cruz, como Quique, Emilio, Fran, Dani, Antonio, Amalita, Esther, Chicha y Alberto, con quienes disfruté de mi juventud. Tengo grandes recuerdos de aquellos veranos y navidades en los que los emigrantes regresábamos a nuestras localidades de origen, ya que nos íbamos a todas las fiestas y guateques de la ciudad, mientras que en Oleiros frecuentábamos El Seijal, el Maxi y La Perla, mientras que al cine nos íbamos a Sada.

También solíamos bajar mucho a las calles de los vinos, en cuyos bares había siempre un gran ambiente, y también parábamos en la Bolera y en la sala recreativa El Cerebro, que estaba frente al cine Coruña, que siempre estaba llena de jóvenes. Nuestros cines favoritos eran el Avenida, Coruña, Colón, Rosalía, Equitativa y Riazor, además del Valle Inclán, que fue uno los últimos en abrirse y que tuvo una vida muy corta. En carnavales, toda la pandilla nos disfrazábamos para venir a la ciudad y disfrutar de las fiestas en la calle de la Torre y sus alrededores.

Recuerdo que cuando veníamos en verano, todo el recorrido de la carretera que une la ciudad y Meirás estaba siempre engalanada con banderas para que la gente supiera que Franco estaba de vacaciones en el pazo. Como al ir hacía allí su comitiva pasaba por delante de la casa de mis abuelos, la zona se llenaba de guardias civiles a ambos lados de la carretera y cuando iba a pasar Franco nos prohibían movernos, por lo que nos sentábamos a la puerta de casa a verlo, aunque en cuanto pasaba, podíamos seguir jugando sin problemas.

En Venezuela empecé a jugar al fútbol en el Caracas Juvenil, por lo que al volver aquí entré en el equipo de modestos del San Cristóbal das Viñas, en el que jugué tres años hasta que me puse a trabajar, ya que no tenía tiempo para entrenar y jugar. Mi primer empleo fue de comercial de un concesionario de automóviles Peugeot en el que estuve varios años, para después pasar a Uralita, El Corte Inglés y Würth, siempre como comercial.

Como el fútbol me seguía gustando, decidí jugar en los veteranos del San Cristóbal das Viñas, el Curtis y el Sada, además de al béisbol en los equipos Marineros, Druidas y Béisbol Coruña, que ahora se llama Béisbol Cambre. Allí compartí equipo con compañeros como Pedro, Juan Carlos, Miguel, Gerardo, y Agustín. En la actualidad sigo jugando pachangas en los campos de la Torre y Arteixo, así como reuniéndome con mis antiguos compañeros de equipo, que hace veinticinco años empezamos a jugar al béisbol en la ciudad, cuando era totalmente desconocido.

En la actualidad soy comercial en el sector de los seguros y sigo viendo a mis amigos para jugar con ellos todas las semanas, así como coleccionando tarjetas de crédito, una afición que comencé de niño y que me ha llevado a reunir muchísimas.

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