José Antonio Morala Delegado de Fundación Amigó en Galicia

"Los padres no tienen tiempo y sustituyen su afecto por recompensas"

"Si un niño utiliza la violencia contra sus padres es porque no ha encontrado los límites que todo ser humano necesita para crecer"

23.09.2017 | 12:54
José Antonio Morala.

La Fundación Amigó y Cáritas han puesto en marcha el proyecto Conviviendo Coruña, un servicio gratuito para la resolución de los conflictos entre menores y sus familias. El centro está situado en la calle San Rosendo, 11. Los interesados pueden llamar al teléfono 682 701 210, o contactar a través del correo conviviendo.coruna@fundacionamigo.org.

- ¿Por qué surge el programa?

-Llevamos muchos años, desde 2000, dándonos cuenta de que llegaban este tipo de casos a nuestros centros. A partir de 2004 hay un boom y empezamos a crear un proyecto especializado en violencia filio parental. Surge del deseo de salir al encuentro de estas familias para evitar que el deterioro sea tan grande que luego sea muy difícil recuperar las relaciones familiares.

- ¿A partir de qué edades detectan violencia?

-Suelen empezar a los diez, pero nos llegan situaciones de familias que tienen grandes problemas con chicos de siete u ocho años, con niños muy pequeños que empiezan a tener comportamientos de imposición, de control, incluso cercanos a la agresividad. No se da una situación de maltrato porque son muy pequeños, pero sí de enfrentamiento, de insulto, de amenazas, de llamadas de atención que pueden llegar a ser peligrosas si no se saben tratar.

- ¿Cuál es el protocolo?

-Se hace una mediación familiar para llegar a acuerdos y avanzar juntos en la resolución del problema. Intentamos reforzar también los procesos de cambio, de mejoras, y que los padres entiendan que es un problema de comportamiento, de conducta, no tanto de que su hijo tiene un problema de salud mental, que es a lo que se suelen acoger como explicación.

- ¿Por qué se llega a esas situaciones?

-Utilizan la violencia para llegar a conseguir poder, objetos materiales que desean, salidas hasta ciertas horas, que se les permita tener el móvil en una habitación o no estudiar. Este tipo de comportamientos donde ellos imponen su poder mediante la violencia son los que tenemos que intentar ayudar a corregir. Estamos generando a adolescentes que aprenden a utilizar la violencia para conseguir sus objetivos.

- ¿Cuáles son las causas más comunes?

-Hay un denominador común que es el hecho de que la relación deja de ser el centro familiar para pasar a darle más importancia al tema material, a comprar cosas, a que el chico está más preocupado por conseguir un móvil o una tableta que por pasar tiempo con sus padres. Los padres muchas veces no encuentran tiempo para pasar con sus hijos y sustituyen su afecto y su dedicación con recompensas materiales. Todo eso junto favorece que haya más incidencia de esta problemática. También la sociedad está montada de esta manera, está basada en el consumo.

- ¿Carecen de límites?

-Eso influye mucho, la falta de valores, también. Si un niño es capaz de utilizar la violencia contra sus padres es porque no ha encontrado los límites que todo ser humano necesita para crecer. Además, se junta el hecho de que tampoco se le han transmitido unos valores de respeto, de dar más importancia a la persona que a los objetos que nos rodean. Hay una serie de condicionantes sociales, familiares y personales, que también los hay, desde el punto de vista de la salud mental del propio muchacho, que pueden generar dificultades.

- ¿Hay un perfil de familia?

-Desgraciadamente, está universalizado. Es cierto que sobresalen el tipo de familias de clase media, normalizadas, que económicamente no tienen dificultades porque aparentemente no tienen otros problemas. Son los que más recurren a la vía judicial, los que tienen mayor visibilidad. Nos hemos dado cuenta de que hay muchas familias de clase baja que no tienen la posibilidad de acceder a recursos privados. Ese es uno de los motivos fundamentales del programa, que se hizo pensando en esas familias que tienen menos recursos.

- ¿Qué recomienda a las familias que estén viviendo esas situaciones?

-El sentido común, que no es tan fácil tenerlo, es necesario, el distanciarse un poco de la problemática y entender qué está ocurriendo. El hacerlo juntos, todos los miembros de la familia, y tratar de dar una respuesta global al problema es necesario. Si ven que ellos no son capaces de ajustar esas situaciones, tienen que pedir ayuda. Y, si se está dando una situación de maltrato físico, es necesario denunciar porque es más grave el daño que se le hace al adolescente dejándolo crecer en esta corriente de maltrato que las consecuencias que pueda tener una medida judicial.

- ¿Aumentaron los casos?

-En A Coruña en 2015 hubo un aumento muy fuerte de las denuncias por violencia filio parental. En España, de cada cien denuncias hay 15 que son presentadas por los propios padres por violencia hacia ellos. Y se estima que entre un 10% y un 15% de los casos son los que llegan a explicitarse mediante una denuncia.

- ¿A qué achaca el incremento?

-Es una situación de respuesta al modelo social que generamos. También al modelo de familia, al tipo de padre y madre que establece una relación con su hijo. Al final no es que los chicos sean más violentos porque sea una moda, responde al modelo adulto de nuestra sociedad que les estamos imponiendo, donde el que tiene poder se impone a los demás, donde todo está basado en conseguir objetivos materiales, donde las relaciones humanas han quedado en segundo lugar.

- ¿Ante qué señales se debe reaccionar?

-La Fundación Amigó ofrece en su web una encuesta que puede servir a los padres para saber cuál es la gravedad de la situación que tienen. Todos los padres tienen dificultades con sus hijos, pero la gravedad es cuando se llega a situaciones habituales. Cuando los niños ya no utilizan solo expresiones o llantos, si no que son capaces de insultar, amenazar, de dar pequeños golpes en los muebles de la casa... Son pequeños indicios de que ocurre algo.

- ¿Cuesta corregirlo?

-Influye mucho la voluntad y buena disponibilidad de la familia y de los muchachos. Cuando la problemática es de relación familiar suele ser más sencilla la intervención, cuando eso se junta con un inicio de abuso de consumo de drogas, o de conductas antisociales como pequeños hurtos, peleas en la calle, se complica más porque hay muchos frentes abiertos. Hay que dar una voz de esperanza a las familias. Es viable poder mejorar las relaciones y que los adolescentes recuperen la capacidad de mostrar el afecto que al final todos sienten por sus familias.

- ¿Cómo deben reaccionar cuando hay violencia?

-Una postura de fuerza únicamente, de no ceder y que sea una escalada de violencia tampoco es la solución. Si el hijo ha llegado ya a utilizar la violencia para conseguir sus cosas es necesario solucionar el problema desde abajo, desde lo más profundo. Ante una situación de violencia desatada casi lo que se puede hacer ya únicamente es sufrir. Estas situaciones también se dan en padres autoritarios, no solo en permisivos. El modelo autoritario de familia también es generador de situaciones de violencia.

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