La ciudad que viví

El hijo del dueño del café La Barra

Mi padre se hizo muy conocido porque montó en la calle Real una cafetería que luego trasladó a Riego de Agua como marisquería, aunque años después volvió a ser un café que se hizo muy popular en la ciudad

15.10.2017 | 03:32

Nací y me crié en la calle Panaderas, donde viví con mis padres, Antonio y Dolores, y mis hermanos Juan, Dolores y Mari Carmen. Mi padre fue muy conocido por el ser el propietario del café cantante Méndez Núñez, con entradas por la calle Real y La Marina, junto al antiguo hotel Palace. Posteriormente lo dividió en dos locales y uno de ellos lo dedicó a cafetería con el nombre de La Barra.

Años más tarde se hizo cargo del antiguo bar Miño en Riego de Agua y abrió una marisquería con el mismo nombre de La Barra, hasta que en los años sesenta se transformó en una cafetería. El origen del nombre del establecimiento fue que en el local de la calle Real los antiguos propietarios habían dejado menaje de cocina que llevaba esa denominación grabada y mi padre aprovechó para conservarla.

Mi padre fue también concejal en los años sesenta representando al tercio sindical, en la época del alcalde Sanjurjo de Carricarte. Este mismo alcalde me dio una medalla de salvamento de náufragos en 1965 por rescatar a una mujer que cayó al mar en el muelle de Méndez Núñez. Recuerdo que me costó mucho sacarla y que además se me estropeó el reloj. Cuando logré salir del agua, un carabinero me pidió mis datos y al día siguiente la noticia salió en la prensa e incluso me entrevistó en la radio Antonio Amado, que era amigo y compañero de mi padre.

Mi primer colegio fue la academia ACO, donde estuve hasta los nueve años, edad en la que pasé a la Academia Mercantil de Riego de Agua, donde hice Peritaje Mercantil. Al terminar estuve un tiempo ayudando a mi padre y luego empecé a trabajar como representante de la empresa Utande y más tarde de Syma. Luego pasé al sector de la música gracias a mi amigo Mendo, de la tienda Bambuco, y fue representante de la empresa Polydor-Fonogram, que luego se llamaría Polygram y en la que trabajé veintitrés años, tras lo que pasé a otras empresas hasta mi jubilación.

Me casé con Loly, a quien conocí en mi juventud en un baile de Santa Lucía, con quien tengo dos hijos llamados Carlos y María, y dos nietos, Aquiles y Martina. Mis amigos de la infancia fueron de la zona de San Nicolás, como los hermanos Carlos, Pancho, Miguel, Luis el de La Coruñesa, Cholo, Lalo, Toñito el monaguillo, Tito y Chilo el de La Popular. Jugábamos en María Pita y en el atrio de la iglesia de San Jorge, por lo que los cristaleras eran blanco de nuestros balonazos y nos llevábamos broncas de los curas.

Muchas veces nos íbamos al muelle de Linares Rivas, donde se apilaba la madera en forma de torres, y las escalábamos. Un día mientras lo hacíamos a Carlos el de la Franja le cayó un tablón en la cabeza y tuvimos que llevarle a la Casa de Socorro en Cuatro Caminos, donde le pusieron unas grapas. También hacíamos carritos de madera con los bajábamos las cuestas, como la del Hospital Militar, que un día yo bajé a toda pastilla y me encontré de frente con un Fiat Balilla contra cuya defensa me empotré, mientras que el carrito quedó debajo del coche, que pudo frenar al verme, por lo que todo quedó en un susto.

En los jardines de Méndez Núñez jugábamos en la estatua de Curros Enríquez escalándola y saltando para atravesar el estanque, aunque muchas veces caíamos dentro y marchábamos empapados para casa, donde nos echaban la bronca. Viví bastante las procesiones que se hacían en San Nicolás porque fui ayudante del monaguillo, mi amigo Toñito, con el que iba a las que se hacían en las que se encontraban las imágenes de San Jorge y San Nicolás.

Entre mis recuerdos del barrio está el manantial que había en la parte alta de la calle Troncoso, al que acudía mucha gente porque se decía que el agua era medicina. También me acuerdo de la inauguración del primer supermercado que se abrió en la ciudad, en la planta baja del mercado de San Agustín, ya que causó sensación en la zona debido a la novedad que suponía para los vecinos.

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