María Ballesteros.A Coruña
La Ciudad Vieja está lista para celebrar este año unas fiestas patronales atípicas. Los festejos de la Virgen del Rosario se están celebrando con crespones negros en lugar de banderas en algunas ventanas y sin la participación, por primera vez, de los propios vecinos, que se han negado a colaborar con el Ayuntamiento en protesta por su tolerancia con el fenómeno del botellón, que cada fin de semana castiga a los residentes con el ruido y la basura que producen centenares y centenares de jóvenes que se juntan en la plaza de Azcárraga a beber.
En este punto será también donde los vecinos den su respuesta al alcalde, Javier Losada, y lo harán, según decidieron esta semana en asamblea, con una gran cacerolada durante la celebración de la fiesta del Rosario. Es probable, sin embargo, que los ánimos no estén tan caldeados como durante la semana, cuando el propio Ayuntamiento reconoció que el plan de choque anunciado la semana anterior para hacer frente al fenómeno del botellón había fracasado nada más estrenarse.
La presencia policial era la principal baza de este plan, pero tras un fin de semana con concentraciones masivas, ruidos y vandalismo los vecinos comenzaron la semana con una reunión en el Concello de la que salieron con escasas esperanzas de solución y con la determinación de llevar adelante medidas de protesta.
El plan de choque del Ayuntamiento demostró todavía más su flaqueza el martes cuando el propio alcalde descartó de forma tajante la idea de prohibir beber en la calle, una iniciativa que unos días antes se incluía como posible entre las medidas apuntadas por el Gobierno local para controlar las molestias del ocio nocturno en las calles de la ciudad.
Sin ninguna solución a la vista, los vecinos de la Ciudad Vieja celebraron el miércoles su asamblea para estudiar qué hacer y para expresar también su frustración ante la inoperancia del Gobierno local. Tras una reunión vecinal en la que el que quiso expresó sus propuestas y sus quejas, los afectados por la movida nocturna estuvieron de acuerdo en poner en marcha medidas de protesta y movilización para forzar al Concello a actuar con eficacia ante las reuniones multitudinarias de jóvenes en calles y plazas.
Con sorpresa y, sobre todo, con alivio, vieron los vecinos de la plaza de Azcárraga avanzar la noche del jueves, cuando, contra lo que viene siendo costumbre en los últimos tiempos, la presencia policial hizo que el silencio reinase bajo los árboles. "Ha sido estupendo, porque no fue nadie a beber. Por fin conseguimos dormir tranquilos", decía al día siguiente la presidenta de la Asociación de Vecinos de la Ciudad Vieja, Rosa Quiroga, aunque reconocía que la medida no había sido eficaz porque el problema se trasladó a otra zona.
Y es que la placidez con la que durmieron en el casco antiguo contrastó con el ruido y las molestias que vivieron los vecinos de la plaza del Humor, a donde se dirigieron los jóvenes que llegaron a Azcárraga y se encontraron con las patrullas de policía, que advertían de que sólo podía hacerse botellón en silencio y recogiendo después los desperdicios.
El viernes por la noche, sin embargo, hubo silencio para todos y tanto la plaza del Humor como la de Azcárraga estuvieron vacías y silenciosas sin que hiciera falta la presencia de ningún agente, una situación favorecida por el hecho de que son los jueves y los sábados los días de mayor afluencia de jóvenes en las calles. Ayer la plaza del Humor volvió a reunir a jóvenes para beber porque no había policía, mientras que la plaza de Azcárraga se llenó de puestos de comida y dulces para la fiesta.