José Manuel Gutiérrez.A Coruña
A falta de cuatro días para que cumpliese los ochenta años de existencia, la Papelería Jaspe cerró ayer sus puertas en la calle General Mola, en pleno centro de
A Coruña. La ruina del edificio en el que se halla este popular establecimiento, uno de los más conocidos de la ciudad por su peculiar oferta comercial y por su privilegiada ubicación, ha obligado a sus propietarios a abandonar el local para continuar su actividad en las instalaciones que poseen en la calle Ramón de la Sagra, donde ya operan desde hace un año y medio.
La característica fachada de la tienda, elaborada con madera, dejará paso a la piqueta dentro de poco tiempo, con lo que desaparecerá una de las imágenes más tradicionales del barrio de la Pescadería, ya que el establecimiento conservaba su aspecto original desde el año 1928.
Fue el abuelo del actual responsable del comercio, Enrique Jaspe, quien inició la actividad de la papelería, cuando la calle aún mantenía el nombre de Perete, sustituido tras la Guerra Civil por el de General Mola. En aquel momento, además de los artículos relacionados con el papel, también se vendían moldes para soldaditos de plomo y los hoy tan sugerentes juguetes de hojalata.
El final de la contienda motivó también el regreso del hijo del fundador del negocio, quien optó por añadir a la oferta comercial los productos de carnaval y de cotillón, así como útiles para la pintura artística, como pinceles, bastidores y acuarelas. Enrique Jaspe recuerda que la venta de estos productos era entonces muy pequeña, ya que el número de personas que pintaban era reducido en comparación con la actualidad.
Otra de las líneas de producto que abrió su padre fue el artículo navideño, pero la búsqueda de unos productos que no se caracterizaran por la temporalidad le llevó al enmarcado, en la que fue pionero en A Coruña junto con el Bazar de Pepe.
La especialización en las bellas artes permitió que por el local de General Mola pasaran muchos de los pintores coruñeses de las últimas décadas, quienes han tenido a la familia Jaspe como sus proveedores. Artistas como José Ramón, Urbano Lugrís, Abelenda, Lugrís Vadillo, Laureano Vidal, Pedro Bueno, Jano Muñoz y Álvaro Caruncho recurrieron a esta papelería para surtirse de pinturas, pinceles o lienzos, por lo que este pequeño establecimiento ocupa un hueco en la historia del arte coruñés del siglo XX.
Enrique Jaspe recuerda que su padre enmarcó en una ocasión los cuadros que Urbano Lugrís exhibió en una exposición, de los que no consiguió vender casi ninguno, por lo que se encontraba sin dinero para pagarle. Cuando el artista, entonces apenas valorado, le ofreció compensarle con la entrega de algunos de sus cuadros, Jaspe le contestó: "Urbano, mis hijos lo que necesitan son tortillas de patatas y bistés, porque los cuadros no los comen". Aquella decisión privó a los Jaspe de poseer hoy en día una valiosa colección de pintura, pero no les privó de la amistad del pintor, al que dieron facilidades para saldar su deuda.
La jubilación de su padre en 1991 llevó a Enrique a hacerse cargo de la tienda, que incrementó en ese momento su especialización en las bellas artes, así como en el modelismo, una actividad en la que la afición del propietario ha tenido más que ver que las propias posibilidades de hacer negocio con estos artículos.
La decisión de conservar el aspecto exterior de la tienda a lo largo de ocho décadas fue tomada por los Jaspe por una cuestión sentimental, de forma que los únicos cambios producidos han sido el color de la fachada, puesto que se emplearon diferentes tonos de verde e incluso el rojo durante unos años, aunque siempre respetando la estructura típica de los años veinte que ha caracterizado a este entrañable local.
En el momento del cierre, Enrique Jaspe quiere agradecer a su fidelidad a quienes han sido clientes del local durante tantos años, aunque reconoce que muchos de ellos les han seguido hasta la tienda de Ramón de la Sagra, en la zona del Ensanche, donde, además de la venta de productos para profesionales y aficionados de la pintura, existe un taller en el que puede practicarse este arte.
Jaspe admite que en este momento desconoce si habrá una cuarta generación de su familia al frente del establecimiento, pese a que sus dos hijos comparten con él la afición por la pintura. Uno de ellos estudió la carrera de Bellas Artes y es profesor de un instituto de Cuenca, mientras que el menor, Jacobo, ha llevado sus aptitudes artísticas hacia la pintura de murales y por el momento no ha mostrado interés en continuar la labor de sus antepasados.
Pese a estar rodeado todo el día de pinceles y pinturas, Enrique Jaspe tan sólo se ha lanzado a plasmar su afición en los lienzos en sus años de juventud. Para el momento de su jubilación, espera poder disfrutar del tiempo que ahora le falta para poder dedicarse a las que son sus dos pasiones: la pintura y el modelismo.