L. C..A CORUÑA
El Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil coruñesa cerró ayer su jornada con una buena obra: el rescate de una ballena que se quedó atrapada en la red de un pesquero y que flotaba a la deriva, inmovilizada, pero aparentemente ilesa, cuatro millas al norte de la Torre de Hércules.
El mamífero fue avistado a las dos y media de la tarde desde un pesquero de bajura, el René II, cuando navegaba a seis millas y media de A Coruña, y alertó al centro local de Salvamento Marítimo coruñés. El rescate, sin embargo, se prolongó durante más de cinco horas y hasta pasadas las siete no fue posible ver cómo el cetáceo emprendía la huida mar adentro.
La ballena, de casi dos metros, tenía la cola enredada en un aparejo de pesca e intentaba sin éxito zafarse de él cuando los marineros del René la vieron junto a su barco. Los operadores de Salvamento Marítimo alertaron a la central de emergencias de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (Cemma) que se subieron a la patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil Río Andarax y salieron en busca del cetáceo. Cuando fue localizada, la ballena ya había sido arrastrada por la corriente hasta llegar a cuatro millas de la costa, pero los aparejos continuaban impidiéndole moverse con libertad. Los biólogos del Cemma pronto comprobaron que desenredar la cola del animal era una misión imposible con los medios de los que disponían y pidieron el apoyo de los buzos del Geas.
Los submarinistas, a quienes normalmente se alerta para búsqueda de cadáveres bajo el agua, salieron hacia el lugar del hallazgo a bordo de otra embarcación de la Guardia Civil. Los biólogos y los buceadores trabajaron juntos en la liberación de la ballena, pero la operación no concluyó hasta después de las siete y cuarto de la tarde, cuando la oscuridad de la noche amenazaba con abortar un operativo coordinado desde la torre de control.
Los dos expertos en mamíferos marinos del Cemma dan por hecho que la ballena se encontraba en perfecto estado de salud pese a haber pasado al menos cinco horas anclada a un aparejo de pesca porque, en cuanto su cola fue liberada de la presión de la red, la utilizó para impulsarse hacia el fondo y desparecer rumbo a alta mar.