LOS VENDEDORES ADMITEN QUE EL AYUNTAMIENTO ADVIRTIÓ PREVIAMENTE A LOS INFRACTORES
José Manuel Gutiérrez.A Coruña
La decisión del Gobierno local de abrir expedientes sancionadores a 69 placeros de los mercados municipales por el incumplimiento de la ordenanza que regula el funcionamiento de estas instalaciones no suscita preocupación entre estos profesionales, quienes las consideran adecuadas y destacan su reducido número en relación con el conjunto de los vendedores.
Los colectivos que agrupan a los placeros coruñeses se muestran de acuerdo con que el Ayuntamiento sancione a quienes se resisten a utilizar el uniforme de los mercados, ya que las autoridades municipales dieron un plazo para adaptarse a la normativa y se efectuaron advertencias a quienes la incumplieron en un primer momento.
Leonardo Tomé, presidente de la asociación de los placeros del mercado de Elviña, recuerda que esta instalación fue la primera en utilizar la nueva vestimenta fijada por el Concello al trasladarse al nuevo edificio y considera que las sanciones "son, más que nada, toques de aviso", ya que la mayoría de los vendedores son personas con muchos años de actividad y a las que les cuesta adaptarse a las nuevas normas.
Los colectivos de los mercados de San Agustín, Eusebio da Guarda y As Conchiñas coinciden en que los casos de incumplimiento de la normativa de vestuario son mínimos y que la apertura de expedientes se produce después de que se hayan sucedido las advertencias a los infractores, por lo que no existe malestar entre los vendedores. "La gente, a veces, es abandonada y reacia a los cambios, pero si hay una ordenanza hay que cumplirla", comenta Manuel Becerra, el presidente de los placeros del mercado Eusebio da Guarda, mientras que Sara Nogarela, portavoz de los vendedores de As Conchiñas, asegura que en esta instalación la normativa de vestuario se cumple "a rajatabla".
Leonardo Tomé discrepa sin embargo sobre la obligatoriedad de exhibir listas de precios en todos los puestos, ya que estima muy difícil de aplicarla en casos como los de los pescaderías, ya que afirma que en esos puestos "la gente quiere ver los precios encima de los productos" y que si no se hace no es porque se trate de engañar a los clientes, sino porque las exigencias del trabajo los impide en muchas ocasiones.
La normativa sobre el movimiento de mercancías ha tenido que ser aplicada con tolerancia en San Agustín, ya que la falta de un almacén obliga a los vendedores a mover los productos por el mercado a cualquier hora, por lo que, tras un problema inicial, ahora se permite el trasiego de artículos.