ALICIA GARCÍA DE FRANCISCO | VENECIA
La Mostra de cine de Venecia tiene en esta 66ª edición espacio para todo tipo de propuestas, incluida la última entrega de zombis del estadounidense de ascendencia ferrolana George A. Romero, Survival of the Dead, que mantiene el estilo sangriento de este realizador de culto.
Una decisión, la de incluir este filme en la sección oficial, que no ha estado exenta de una cierta polémica, por el hecho de que el cine de Romero se considera de serie B, además de por el poco predicamento que las películas de terror suelen tener en los grandes festivales. Una cuestión que le fue planteada ayer a Romero durante la rueda de prensa de presentación del filme y a la que el cineasta respondió que le divierte mucho hacer este tipo de películas y que el hecho de estar invitado a Venecia "es todo un honor".
Survival of the Dead recupera el tono de las primeras películas de zombis de Romero, como La noche de los muertos vivientes (1968), con unos muertos vivientes bastante inocentes, simples y de escaso peligro, excepto en el caso de que te muerdan. Algo que ha buscado porque su intención siempre ha sido mostrar a "un hombre que se deshumaniza y a unos zombis que se humanizan" porque: "Es difícil de entender la diferencia de quién está vivo y de quién está muerto en esta sociedad moderna". "No entiendo por qué tengo que hacerles correr o ser más agresivos. Yo creo que dan miedo por el hecho de ser muchos", explicó. La película cuenta la historia de una isla en la que los zombis están acabando con toda la población, aunque aparecen algunos que han sido "domesticados". Pero el filme, por encima de todo, según explicó Romero, cuenta la historia de un enfrentamiento, de la incapacidad del hombre de olvidar a los enemigos incluso cuando ya ha olvidado los elementos que han desencadenado esa enemistad.
Dos tipos de sueños
Dos sueños muy diferentes se dieron cita ayer en Venecia: el revolucionario de 1968 en su versión italiana, con Il grande sogno, y el de libertad en la Teherán de la época del Sha de Irán, en Zanna bedoone mardan (Women without men). Mientras Michele Placido hace una recreación benevolente de las protestas estudiantiles en Italia con un filme entretenido y realista pero sin mucho que aportar, la iraní Shirin Neshat utiliza una vía mucho más poética, de una extrema belleza formal y con una buena carga crítica para contar la falta de libertad de las mujeres a finales de los años 50 en Irán.