AMAIA MAULEÓN | A CORUÑA
La producción gallega Gordos, dirigida por Sánchez Arévalo, parece llamada a alcanzar grandes metas. Acaba de ser preseleccionada con El baile de la victoria, de Trueba, y Mapa de los sonidos de Tokio, de Coixet, en la terna de la que saldrá la película española candidata al Oscar.
-En la Mostra, Gordos se ha devorado al público.
-¡Qué alegría tengo! ¿No está mal para una ferrolana, eh? La verdad es que la película lo merece. No es una de esas comedias para morirte de risa; es una cinta muy coral con cinco historias que giran en torno a la obesidad, con un entorno común: un grupo de terapia. Daniel ha conseguido que no estés deseando en ningún momento que termine una historia y comience otra, sino que te quedas con ganas de que te cuenten más.
-¿Cómo es esa madre de familia obesa que interpreta?
-Aparentemente formo un matrimonio feliz con Fernando Albizu, que es un actor enorme en todos los aspectos y con el que me sentí fenomenal porque, además, es buen amigo. Los dos somos todo arrebato así que allí saltó de todo. La pareja se sigue queriendo y no ha perdido la pasión a pesar de llevar años casados, pero creen que la vida son sólo ellos dos y no se quieren dar cuenta de los grandes problemas que sufren sus hijos. Es una mujer muy distinta a mí ya que, cuando es feliz, reacciona de una manera tranquila, ralentizada, totalmente opuesta a la mía, que me paso el día pegando brincos.
-Sus compañeros Antonio de la Torre y Leticia Herrero tuvieron que engordar y adelgazar, respectivamente, para participar en la película. Usted, al menos, se libró de este proceso.
-Me libré esta vez, pero ya llevo una buena racha. Por una hernia discal tuve que adelgazar 19 kilos y, entonces, Pedro Larrañaga me ofreció el papel protagonista de Gorda y volví a engordar 15 kilos porque el papel lo requería. En Gordos me mantuve como estaba, pero entonces me llamaron para la obra El pisito y ¡el papel requería que adelgazase! Ahora peso 24 kilos menos y, aunque sigo siendo gorda con mis 84,700 kilos, soy una rellena saludable.
-Los protagonistas de la película están obsesionados con la obesidad. Usted no da la impresión de compartirlo.
-De lo que más orgullosa me siento es de no haber tenido nunca complejo de gorda. Tuve problemas en la adolescencia cuando el que yo quería que fuera mi novio sólo era mi amigo. Me entristecía, me enfadaba y sufría, pero ahí quedó todo.
-De hecho, su aspecto físico ha podido ser un empuje en su carrera.
-Al poco de llegar a Madrid mi aspecto llamó mucho la atención y me ayudó a conseguir papeles, aunque siempre encasillada en lo mismo. Ahora estoy más ligera y se me va abriendo el campo.
-Gordos, ¿es un alegato contra los cánones de belleza establecidos?
-La película no tiene moralina, aunque sí se parodian los productos milagro para adelgazar y deja claro que la felicidad no tiene nada que ver con la grasa.