JULIO ANDRADE MALDE
Marcial del Adalid (1826-1881) y Andrés Gaos (1874-1959) tienen sendas calles en la ciudad. Ambos cubren un largo período de nuestra historia musical: desde el Romanticismo temprano hasta el tardío. El uno con la mirada fija en Schubert y en Mendelssohn; el otro, con la vista puesta en Franck y en Ysaÿe. En medio, el Rexurdimento, con la pléyade de compositores (Montes, Chané, Baldomir, Lens, Berea...) a los que debemos la creación del lied gallego que se apoya en los Cantos Nuevos y Viejos de Galicia del precursor y hace posible esa joya que es Rosa de Abril del epígono.
Las piezas para piano a cuatro manos de Adalid son obras primerizas, pero denotan a un compositor de talento. Amables, gratas, de buena factura, sin pathos (incluso la Marcha fúnebre), con una elegante gota de melancolía. La sonata, sobre todo, es digna de ser escuchada por la solidez estructural, el refinado tratamiento modulatorio y el contenido lirismo. Estuvieron muy bien los dos pianistas -Fernández en la parte alta del teclado; Yáñez en la grave- que mostraron una notable compenetración, fruto sin duda de muchas horas de trabajo. Las dos suites de Gaos se sitúan en el entorno de la primera década del siglo pasado; muestran con claridad el camino para elevar nuestra preciosa música popular a formas cultas. Una y otra son excelentes; pero mi corazón está con la opus 22 (cuya primera edición -no me sorprende- se agotó con gran rapidez) por la intensidad de cada estampa, la belleza de los temas elegidos y el delicadísimo tratamiento armónico y modulatorio con que los reviste sin desnaturalizarlos. Son delicados paisajes musicales a la acuarela. Yáñez tuvo a su cargo esta primera serie y Fernández la segunda. Ambos, a cuatro manos, tocaron como bis una versión -seguramente, la primera que existe- de la preciosa canción Rosa de Abril.
Dúo de piano a cuatro manos: José Manuel Yáñez y Genaro Fernández
Programa: Marcial del Adalid: Sonata, opus 1; Marcha fúnebre, opus 3; Andantino, Minuetto e Trío. Andrés Gaos: Aires Gallegos, opus 22; Nuevos Aires Gallegos, opus 36.