MELY FUEYO Y J. L. TORIJA | VALENCIA
-En El baile de la Victoria mezcla varios géneros. ¿Cómo logra combinarlos, que coexistan en plena armonía?
-En realidad, no es tanto que los mezcle, sino que la historia, el guión los lleva todos dentro. Yo he hecho películas en las que la comedia y la tragedia coexisten, sobre todo, cuando trabajaba con Azcona. Él siempre decía que el género español es la tragicomedia, y eso es algo que tiene la vida, porque la vida da mucha risa, es bastante ridícula; pero, a la vez, llevamos la tragedia del ser humano, de saber que se muere, que sufre?
-¿Qué aprendió de Azcona?
-Una de las muchas lecciones que recibí de él es la manera de aprehender la vida a través de la tragicomedia: los demás géneros son convenciones. La tragicomedia es un género más realista, el denominado cine realista a mí me parece tan falso como la ciencia ficción.
-¿El baile de la Victoria es una tragicomedia?
-Sí, lleva dentro todos esos ingredientes.
-Los protagonistas reinciden en sus fechorías. ¿No pueden escapar a su propio destino?
-El destino y la lucha con él, y la fatalidad, están muy presentes en la película, incluso los pactos con el destino. No creo en el destino, pero narrativamente, es muy interesante. Incluso los que no creemos, de alguna manera, jugamos con él. De todas formas, todos creemos a veces en cosas absurdas, disparatadas.
-¿Qué fue lo que le llamó la atención cuando leyó la novela?
-Lo que más me gustó fueron los dos personajes masculinos y la libertad de la novela.
-¿Es difícil adaptar una novela de éxito al cine?
-No demasiado. Tienes que resolver problemas, pero, más que difícil, me resultó muy bonito.
-¿El trabajar con su hijo lo ha hecho más placentero aún?
-Ha sido muy bonito trabajar con él. Primero, porque tenemos muy buena relación. Ya desde que era niño, quizá sea con la persona con la que más hablo. También con mi hermano David. Disfruto mucho cuando estamos los tres juntos.
-¿Repetirán la experiencia?
-Ya veremos, porque las agendas de los tres son muy complicadas. A mí me encantaría, pero reconozco que tienen sus propias vidas y sus propios recorridos profesionales. Me encantaría escribir un guión los tres juntos.
-¿Qué ingredientes cree que tiene su película para haber sido elegida como representante de España en los Oscar?
-Habría que preguntárselo a los miembros de la Academia. Me imagino que les ha emocionado, les ha gustado. Es una película muy a corazón abierto, muy de sentimientos no reprimidos. Yo he sido siempre muy romántico en mis películas, pero quizá en esta haya estado más libre que nunca.
-¿Cómo preparará esa carrera hacia el Oscar?
-No voy a preparar nada, porque en esta primera fase, hasta la nominación, no hay nada que hacer: las reglas de la Academia son muy estrictas y estás en manos del gusto de los demás.
-A Almodóvar no le ha gustado que su película, Los abrazos rotos, no haya sido la elegida.
-Supongo que a todos los directores les hubiera gustado. Yo he tenido la suerte de que me eligieran dos veces; quizá me hubiera gustado que me hubieran elegido todos los años, y nunca me quejé.
-¿Qué sintió cuando supo de la elección?
-Hombre, sientes gran alegría, porque a los primeros que la han visto, que son tus compañeros de profesión, les ha gustado, o al menos a una parte de ellos.
-¿Le ha costado sacar más ésta que otras?
-Todas me cuestan. Es un parto. Cada vez tienes que empezar de cero. Pero tampoco me quejo, porque me dedico a lo que me gusta. La gente tiene más problemas para llegar a fin de mes.
-¿Qué espera conseguir?
-Que cuando el espectador salga del cine no se olvide ella, y lo máximo de la pretensión y de la ambición, que unos años después alguien se acuerde de ella, que no sea puro humo. Yo hago las películas para que toquen el corazón, que queden entre los recuerdos.
-¿Qué tiene usted para que el público esté esperando con expectativa su nueva película?
-¿Tu crees? ¡Ojalá!, me encantaría que fuera así, porque soy consciente de que soy un director al que le ha ido bastante bien. Mis películas han gustado a la gente, pero nunca he sido un director de moda, para bien y para mal, y me alegro por ello, tengo un cierto orgullo de que sea así. Soy un director que tiene un público, que soy más o menos apreciado, y lo agradezco mucho, pero siempre intento no ser yo el evento. Hago películas que quiero que gusten al espectador, pero que también me gusten a mí.
-¿Le gusta ver sus propias películas?
-No, nos las veo, pero si voy a las salidas de las proyecciones, o en los estrenos, veo el principio y el final, para ver las reacciones del público.
-¿Con el paso de los años tampoco siente la tentación, no ha vuelto a ver Belle époque?
-No, excepto cuando tengo que hacer un trabajo de resmaterización y me tiro una serie de días encerrado; pero no la estoy viendo sentado como un espectador, sino corrigiendo el color?Si uno tiene tiempo de ver películas, tiene que ver las de los otros directores.
-¿Es muy exigente con sus películas?
-Lo suficiente. Con la gente que trabaja conmigo intento, no tanto exigirles, sino exprimirles, sacarles lo mejor de sí mismos.
-¿Es muy duro en los castings?
-No me gusta hacer castings; siempre que puedo, lo evito. Me gusta escribir pensando en los actores, pero a veces es inevitable. No me gusta hacerlos, me agobia, primero, porque es una gran responsabilidad, está el miedo a equivocarte, y luego, que, cuando eliges a uno, de alguna forma cambias su vida, sobre todo cuando eliges a niños y adolescentes. En cierta medida, te sientes culpable.
-¿Algún actor o actriz se ha resistido a trabajar con usted?
-Me ha pasado unas cuantas veces, pero no soy rencoroso y no les pongo en ninguna lista negra. De la misma manera que ellos entienden que no les cojas para una película, tú tienes que entender que ellos no te cojan a ti.
-¿Una buena película puede tener un fracaso en taquilla?
-Sí, ha habido obras maestras que fueron un fracaso, y al revés. No tiene nada que ver, depende de muchos factores. La mejor crítica es el tiempo: si han pasado 25 años desde su realización y lo que cuenta la película sigue gustando a la gente, esa es su mejor crítica.
-¿Los éxitos son cuestión de promoción?
-Hoy en día se gasta tanto dinero en la promoción de las películas para quitarle el poder al público. Los americanos descubrieron que tú no puedes dejar decidir al espectador si una película es buena o mala, entonces, lo que hacen son millones de copias para estrenar en un fin de semana, y así que la haya visto todo el mundo y no le haya dado tiempo a opinar si es buena o mala. Antes se hablaba de si la película era bonita y ahora se habla de cuánto se ha recaudado en el fin de semana, esa es una gran pérdida de la democracia del público.
-El cine español siempre estuvo en crisis. Ahora, que todo el mundo está en crisis, ¿cómo está el cine?
-Peor que nunca. Es el peor momento que he conocido. En crisis siempre ha estado, pero esto de ahora es insólito, se han juntado todas las crisis: la del cine español habitual, la de la crisis mundial y el cambio tecnológico tan profundo que estamos pasando. Pues todo eso junto es letal. Ya veremos cómo se sale.
-¿Cómo les están afectando a los directores las televisiones, internet...?
-Si te digo la verdad, no me gusta hablar de crisis, de la miseria del mundo? Yo la televisión la tengo apagada, sólo la uso cuando veo una película. Leo, y escucho mucha música, y lo de internet es terrible, prefiero no hablar de lo triste.
-¿Qué opina de la nueva ley del cine, del apoyo a las cineastas?
-Cualquier cosa que se haga para mejorar la igualdad entre los sexos me parece bien, pero lo considero innecesario. La mayoría de los estudiantes que entran en la Universidad son mujeres y acaban las carreras muchas más que hombres, y además con mejores notas. El triunfo de las mujeres está ahí, aunque haya algunos ajustes que hacer. Y el cine en los últimos años ha sido muy abierto, sobre todo respecto a las mujeres. Los problemas son otros, que no haya pobreza extrema, malos tratos?No creo que hiciera falta pero no estoy en contra. ¿Te imaginas que dentro de diez años haya más mujeres que hombres dirigiendo y que hiciéramos un manifiesto para que los hombres dirigiéramos? Me daría pena llegar a esa situación.
-Para usted el cine, además de una profesión, ¿es una válvula de escape?
-El cine es una distracción maravillosa. Me encanta ir al cine aunque sea para ver una película mala. El cine, como la literatura, es algo que necesitamos para entender la vida. Una novela o una película es como la vida comprimida.
-¿El cine, en el cine o en casa?
-En cualquier lugar. Me gusta mucho en el cine, pero cada vez en las casas hay mejores condiciones para verlo y oírlo, y cuando la gente dice que el cine ha muerto, yo digo que ha triunfado, porque todo el mundo quiere tener el cine en su casa, tener el home cinema.
-¿Es triste ver cómo salas de cine emblemáticas desaparecen y en su lugar se montan tiendas de ropa, por ejemplo?
-A mí me da mucha pena, pero esto es consecuencia del mundo capitalista. Antes se protegía que en los barrios hubiera cines, formaban parte del patrimonio,y ahora lo que importa es la pasta. Mi barrio era como el Broadway de los pobres, en Cuatro Caminos, y tenía salas de sesión doble; ahora ya no hay ninguno. Me acuerdo de ir de pequeño al cine Europa; era como una catedral, cabían 2.000 personas, moría gente en ese cine. Una vez, viendo West Side Story, en mitad de la película se encendió la luz porque uno había matado a otro; entonces, a mis amigos y a mí nos encantó, porque en nuestro barrio pasaban cosas interesantes, era famoso. Al día siguiente compramos el periódico, tal vez por primera vez en nuestra vida, y al contar el suceso decían que ya era el noveno muerto en el cine Europa?, y nosotros estábamos tan orgullosos de ello.
-Hablamos de cine, pero la música está muy presente en su vida?
-Sí, es cierto, el cine y la música van muy unidos en mi vida, son como la mujer y la amante: el cine es la mujer y la música, la amante.