HELENA TUR | A CORUÑA
Duncan Jones acaba de deslumbrar al público de Sitges con el estreno de su película Moon, con la que recupera la tradición y profundidad de la mejor ciencia ficción, con el desarrollo de un guión deNathan Parker realizado sobre un argumento del propio director.
Este argumento es sencillo: la compañía Lunar Industries tiene una base en el satélite terrestre desde el cual extrae helio 3 para proporcionar energía a la Tierra, que, gracias a ello, se desarrolla prósperamente. Sam Bell (interpretado por Sam Rockwell) está solo en la Luna, trabaja para la corporación y ahora está a punto de regresar a la Tierra, como firma su contrato (que finaliza a los tres años).
Su única compañía es Gerty, una especie de inteligencia artificial que recuerda al Hall 9000 de Kubrick, y que se encarga de proteger y aconsejar a Sam. De modo indirecto, Sam se comunica con su esposa y su pequeña hija a través de mensajes audiovisuales que controla un dispositivo exterior. Sin embargo, a falta de dos semanas para el cumplimiento de sus tres años de estancia en la Luna, empieza a sentir un extraño malestar y tiene un accidente durante un trabajo rutinario fuera de la base.
De pronto, la escena pega un salto y vemos a Sam de nuevo en el interior de la base bajo los cuidados de Gerty. Pero, como en una intuición, Sam engaña a la inteligencia artificial para que le deje salir y decide regresar al lugar del accidente. Allí se encuentra consigo mismo, es decir, con el primer Sam accidentado, al que rescata. Este tercer personaje que rescata al primer Sam es, curiosamente, idéntico a Sam, incluso se llama igual, como el William Wilson de Poe, sólo que es mucho más vigoroso.
A partir de ahí, Duncan Jones crea una tensión desde la idea -que pertenece a la tradición europea- de que, cuando uno se encuentra con su doble, al menos uno de los dos ha de morir. Así como el primer Sam, deseoso del contacto humano después de tanto tiempo de soledad, desea relacionarse con el nuevo Sam, éste lo rechaza porque no quiere saber nada de un clon. El primer Sam niega ser un clon, pero Gerty se lo confirma. Si la dualidad conlleva una inseguridad en la propia identidad, la certeza de ser una réplica abre ahora una duda de la conciencia que es a su vez una duda de la razón.
La locura siempre está ligada al desdoblamiento, pero la locura no implica sólo una duda de lo subjetivo sino también del mundo que rodea al sujeto, de todo lo demás. En este punto sobre la realidad de lo irreal, la película nos recuerda a Solaris. Como decía Baudrillard, "lo real jamás ha sido otra cosa que una forma de simulación. No cabe duda de que es posible conseguir que exista un efecto de realismo, un efecto de verdad, un efecto de objetividad, pero, en sí, lo real no existe".
Por ello, el primer Sam intenta contactar sin mediadores con su familia en la Tierra. Al comprobar que su esposa está muerta y su hija ya es una joven, el nuevo Sam también toma conciencia de su carácter de reemplazo y ambos comprenden la tragedia de la que son víctimas: más caras idénticas, el vacío de sus identidades los lleva a empatizar de un modo que no había conseguido la igualdad dual. Sólo en este momento se unen en un objetivo común: la supervivencia.
Esta película dialoga con la escenografía y la iluminación de 2001: Odisea en el espacio,pero también con otros grandes de la ciencia ficción. Como en Gattaca, por ejemplo, un ser tratará de romper con el destino que el sistema le ha preparado. Y, como en Blade Runner, aparecen los recuerdos inducidos y la sospecha de que uno lleva programada en sí la fecha de su caducidad, algo que lo empujará a una búsqueda en que al menos este tiempo de vida pueda ser disfrutado en libertad y a tratar de solventar la pregunta sobre la identidad con la voluntad de la acción.
Afirma el pensador Antonio Escohotado que "a diferencia de los objetos, que son sin necesidad de ser reconocidos, los sujetos están volcados sobre alguna identidad (real o ilusoria) que pide reconocimiento. De ahí que éstos presenten la acción como efecto de un sí mismo, y aquellos el sí mismo como acción".
De igual modo que esta cinta nos habla del desasosiego de la no identidad, también nos muestra, como Chaplin en Tiempos modernos, la alienación a la que nos conducen los intereses económicos de las grandes corporaciones y la deshumanización en sus formas.