JULIO ANDRADE MALDE
La Orquesta de Cámara Leos Janacek, de Ostrava, es una agrupación de arcos que consta de once instrumentistas: seis violines, dos violas, dos violonchelos y un contrabajo. Hay que ver lo que puede hacerse con tan sólo once profesores.
Además, plantea una inteligente combinación de savia joven con madurez. El resultado no puede ser mejor: un precioso concierto, tanto por el programa como por su resolución.
Dentro de un alto nivel interpretativo, la juvenil sinfonía de Mendelssohn no fue lo más sobresaliente, en especial el último tiempo. Pero vendrían en seguida la Serenata de Elgar (una obra bellísima, dedicada a su esposa) y el delicioso Divertimento de Weiner para demostrar que esta agrupación toca de manera admirable.
Dice Arturo Barral en sus notas de programa que el compositor húngaro, Leo Weiner (1885-1960), fue marginado por haberse mantenido fiel al principio de la tonalidad. Tal vez asistamos en estos tiempos a una recuperación de excelentes compositores que no aceptaron el fundamentalismo de los epígonos de la Segunda Escuela de Viena. Ojalá, porque debe haber mucha música de alta calidad que nos ha sido escamoteada. En particular, Weiner.
A tenor de lo escuchado, es un notable músico capaz de hacer una obra tan encantadora como ese segundo divertimento para arcos, lleno de ritmos cambiantes, de motivos populares, y de una alegría comunicativa.
Qué decir de Dvorak, uno de los más grandes músicos checos. Su Serenata, una joya; además, la hemos escuchado en una versión soberbia. Al finalizar, se sucedieron los aplausos y las exclamaciones de entusiasmo, que dieron como resultado dos bises: Preludio y Sarabanda, de esa otra maravilla que es la Suite en los tiempos de Holberg, de Edward Grieg.