JULIO ANDRADE MALDE
Con ésta son ya cinco las veces que el joven maestro italiano visita La Coruña. En 2003, 2005, ahora en 2010 y en dos ocasiones más en la plaza de María Pita. Él mismo nos lo dijo. Desde aquel concierto de hace siete años, Rizzo ha ganado en expresividad, en precisión, en maestría. Durante este tiempo, ha dirigido orquestas de alto nivel por diversos países y se ha convertido en un gran especialista en ópera. En una ciudad amante de la lírica conviene tenerlo en cuenta. Abordó un programa de alta dificultad que resolvió con enorme acierto. Una y otra vez, los muchachos lo aplaudieron -con los pies, forma peculiar que el uso parece haber consagrado-. No me sorprende, porque Rizzo ha conseguido que podamos sentirnos legítimamente orgullosos de esta maravillosa y sorprendente Orquesta Joven. En la actualidad, es, al mismo tiempo, flexible y enérgico, y por momentos, tremendamente apasionado. Sus versiones tienen vida, calor humano.
De las dos obras programadas, tal vez Los Preludios haya resultado la mejor interpretada: versión sólida, precisa, muy bien matizada para traducir sus cambiantes estados de ánimo. Aunque no es fácil de tocar, no alcanza el grado de dificultad de Los planetas. Esta preciosa partitura es una verdadera prueba de fuego para los jóvenes instrumentistas que con mucha
frecuencia han de desempeñar un verdadero protagonismo -con frecuencia compartido- dadas las singulares e interesantes combinaciones tímbricas que plantea el autor, como por ejemplo la celesta con la flauta para traducir las etéreas sonoridades del alado Mercurio; los trombones sobre los pizziccati de violonchelos y contrabajos, en el anciano Saturno; o los cristalinos sonidos de arpas y celesta para evocar al místico Neptuno. El público despidió con enormes ovaciones a orquesta y director.