JULIO ANDRADE MALDE
En las notas que acompañaban el programa de mano, se recogía oportunamente la respuesta que dio Beethoven al violinista Radicati, quien llegó a decir al gran maestro que los tres cuartetos Razumovsky no eran música. El genial compositor le dijo: "Esto no es para usted, esto es para el tiempo futuro". Pues este ha sido un programa para el tiempo futuro: con su cuarteto Ruso, Haydn muestra ya su maestría compositiva que le lleva a anticipar al mismo Schubert; Beethoven se sitúa más allá de su época con esa maravilla que es el tercer Razumovsky; y Webern, aunque es todavía, a sus veintidós años, un postromántico, va a encabezar una de las tendencias más arduas, austeras y originales de la historia de la música. Preciosa obra, por cierto, digna de ser escuchada más a menudo, cuya versión fue aplaudida con verdadero entusiasmo por el público del Rosalía. Ya se ha dicho muchas veces que se trata de un público muy especial.
El Cuarteto Dominant está integrado por cuatro jóvenes intérpretes rusas que nos ha impresionado de la manera más favorable. Las cuatro, altas, guapas, elegantísimas con sus largos trajes negros, tocan de un modo maravilloso. Su dominio de los instrumentos y su refinadísima sensibilidad se traducen en unas versiones delicadas, donde los contrastes son siempre muy medidos, sin excesos. Destaca en especial la regulación del volumen, la impecable afinación y la homogeneidad sonora que han alcazando como conjunto, gracias a la absoluta compenetración entre ellas. Si en Haydn fueron muy aplaudidas, en Beethoven recibieron una verdadera ovación y exclamaciones de entusiasmo. Ofrecieron como bis el Andante cantabile del Cuarteto nº 1, opus 11, de Chaikovsky, que fue un prodigio de encanto y de belleza.