ANTONIO BOÑAR
Los aeropuertos son lo contrario de un hogar, territorios de nadie perennemente transitados por bolsas de equipaje que sacan a pasear a sus dueños. Son tan pulcros como un limbo y se habitan igual que se espera la llegada de un ascensor. Y en los vuelos tampoco hablamos de nada o lo hacemos sólo del tiempo. Los aeropuertos son esos absurdos paréntesis que abren y cierran cualquier viaje, estaciones de paso en las que todos los amaneceres de neón se parecen el uno al otro hasta confundirse en un mismo tiempo sin días y sin noches.
Al protagonista de Up in the air le gustan los aeropuertos, los bares de hotel y vivir volando la ficción de no pertenecer a ningún sitio. Es uno de esos nómadas del cielo que saltan de ciudad en ciudad como quien sube del primero al quinto. "Vivir es estar en movimiento", explica en sus conferencias, mientras anima a los asistentes a vaciar una alegórica mochila de todo aquello que les ata a sus realidades cotidianas y quietas. Ryan Bingham (estupenda caracterización de George Clooney) es también un animal solitario. Su trabajo consiste en despedir, tan impersonal como eficazmente, a unos trabajadores cuyos jefes no quieren ensuciar su conciencia mirándoles a los ojos mientras les dicen que la empresa ya no cuenta con ellos. Es un apuesto mensajero de las malas noticias que acumula con la misma voracidad despidos y puntos en la tarjeta de su compañía aérea.
La evolución como cineasta de Jason Reitman confirma la certeza de estar ante un creador refrescante y talentoso. Pero también el espectador más despierto puede llegar a vislumbrar una ligera tendencia a olvidar la ácida mordacidad que transpiraban Gracias por fumar (2006) y, en menor medida, Juno (2007), para redundar en un cine más acomodaticio y vulgar. Su tercera película, Up in the air, es elegantemente perturbadora en su primera hora de metraje pero termina acostándose sobre el cómodo colchón del tópico más moralizante y blando. Y la edificante historia de Ryan Bingham es finalmente fagocitada por el inconfundible sello del cine más convencional made in Hollywood. Porque las rutinas diarias de este tipo sin alas podrían haber admitido una mirada más profunda y cáustica sobre todas esas patológicas formas de soledad que abruman al hombre contemporáneo. Aún así, a pesar de ese pueril desenlace, Up in the air es una buena película. Es una redacción carente de descaro pero escrita con muy buena letra. Es otro notable.
http://blogs.laopinioncoruna.es /enelcinenollueve/