CONCHA BARRIGÓS | MADRID
Dicen que es el "más grande" de los autores anglosajones actuales, un intelectual de la dramaturgia que disecciona con verbo impecable e implacable lo que le rodea, pero ayer Tom Stoppard quiso restar, a él y al mundo, trascendencia porque ha descubierto que "todo en la vida es comedia". El escritor volvió al escenario del Teatro María Guerrero de Madrid donde anoche asistió "encantado" a la función de su obra Realidad -estrenada el 28 de enero- para presentar la traducción al castellano de La costa de la utopía, su "descomunal" trilogía sobre la Rusia prerrevolucionaria.
"Es muy raro para un autor estar en el mismo escenario donde la noche anterior ha visto una de sus obras. Muchísimas gracias por este montaje y felicidades a todos", dijo Stoppard, a quien se le notaba en la accidentada orografía de su cara el resultado de haber estado "de bares hasta altas horas" con los actores, entre ellos los protagonistas, Javier Cámara y María Pujalte.
El director del CDN, Gerardo Vera, anunció que su intención es "montar" la obra, aunque sin tener clara aún "la forma" en la que "pondrán en pie" las nueve horas en las que transcurren los tres libros de la obra.
Nacido en Checoslovaquia en 1937 como Tomas Straussler y "convertido" en Stoppard desde 1945 a partir de la boda de su madre con un oficial británico, el escritor pidió a los asistentes al acto, entre los que estaban todo el elenco de Realidad y actores como Lluis Homar o Alberto San Juan, que no se llevaran "una impresión falsa" sobre La costa de la utopía.