QUINITO L. MOURELLE
MBM Jazz Filloa
Resulta complicado para un crítico resumir un concierto tan variado, con tantos acentos y generoso en duración como pocos teniendo en cuenta que se celebraba en un club. Los dos pases sumaron dos horas en las que se ofreció un repertorio de originales frescos (todavía no hay un disco registrado) firmados por los tres miembros. Cada uno de éstos cuenta con una personalidad propia y muy marcada, pero su lenguaje es tan afín que su interacción, aún cuando el proyecto está todavía echando a andar, parece una celebración familiar. La velada comenzó en compás ternario con un Ya veremos de serena belleza firmado por Bravo y ejecutado con un aroma clásico que no sería, sin embargo, la tónica dominante del concierto. De hecho, el tema siguiente, Vals inaudito (Baldo M.), presentaba una melodía cortada de forma cubista que, aunque luego tuviese su correspondiente desarrollo en forma de swing, discurría ya por otros derroteros. La tercera personalidad compositiva entró en escena con Desayuno con Mango, una pieza de aire intimista en la que Lucía Martínez expone esa melancolía portuaria que abunda en sus trabajos. También fue suyo el corte con el que se abrió el segundo pase, desenfundando aquí su otra inclinación natural: el folclore español. Su interpretación con la batería alcanzó en ese tema altísimas cotas de intensidad. Para redondear su aportación en el capítulo de la composición sorprendió con un vals entrañable y pegadizo. Previamente Antonio Bravo merodeaba en Circe con una idea sencilla y efectiva en torno al blues, aunque sin invitarlo a subir a escena. Del final se ocupó Baldo Martínez con un Punto de Encuentro que insistía de alguna forma en la oscuridad de su Zona Acústica, con un Coquitos ultrarítmico en el que, sin embargo, despuntaba una letra B muy delicada? y finalmente con un Galería de Recuerdos que el que esto escribe hubiese rebautizado, tratándose de la propina, como Bis Crimson. Los fans del rey carmesí lo entenderán.