ANTONIO BOÑAR
La nueva película de Clint Eastwood enfoca su mirada sobre la que, posiblemente, es la figura más respetada y admirada del mundo contemporáneo: Nelson Mandela. Y lo hace centrando su atención en un momento muy concreto de la historia más reciente de Suráfrica: la celebración del campeonato mundial de rugby, en 1995. Madiba, así es como se le conoce en su país, utilizó un símbolo de la división racista como los Springboks (la selección de rugby surafricana era querida por los blancos y odiada por los negros) para transformarlo, con un visionario y generoso sentido de la oportunidad política, en todo lo contrario, en un instrumento de unidad y reconciliación.
John Carlin trabajó como corresponsal en Suráfrica entre los años 1989 y 1995. Fue testigo directo de aquellos cruciales acontecimientos y los plasmó en El factor humano, la novela que ha servido como base literaria y fuente de inspiración para Eastwood y para el guionista Anthony Peckham. El periodista londinense, que vive en nuestro país y colabora habitualmente para el diario El País, conoció personalmente a Madiba: "Nelson Mandela se sale de lo común. He trabajado por todo el mundo durante 27 años, en más de 40 países, he cubierto todo tipo de conflictos y nunca me he encontrado con un líder político que esté a la altura, remotamente, de Mandela. Tiene grandes virtudes humanas: es generoso, noble, tremendamente íntegro y coherente? Y al mismo tiempo es un político pragmático y eficaz. Esa mezcla no la encuentras todos los días. Y logró dos hazañas inimaginables. Primero, persuadir a la población negra que no pasara por el camino de la venganza tras décadas de apartheid. Y segundo, conseguir que los blancos surafricanos, que tenían a Mandela como su propio Bin Laden, le vieran como su líder".
Invictus es una obra edificante e idealista sobre un héroe tan real como colosal. Las dimensiones del personaje admiten con naturalidad una mirada Capriana. Y eso es lo que hace Eastwood: contar su historia con ese tono épico y blanco que acuñó Frank Capra. Rodada con el virtuoso y clásico sentido de la narración cinematográfica que atesora el mejor cine de Eastwood, Invictus suma todos los condicionantes necesarios de una gran película: un personaje único, las nobles e incorruptibles motivaciones que lo mueven, un mensaje ejemplar, un relato emocionante y entretenido, unos actores inmensos, una puesta en escena exquisita y un final feliz. Quizás, lo que mejor resume el espíritu del filme son unos versos pronunciados en varios momentos del mismo. En ellos Mandela encontró inspiración y refugio durante los duros días de presidio y, años más tarde, los compartiría con el capitán de la selección de rugby, Francois Piennar. Pertenecen a un poema de William Ernest Henley y terminan así: "Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma".
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