JULIO ANDRADE MALDE
Cuarteto Quiroga
El Cuarteto Quiroga ha planteado un programa inteligente donde han estado representadas las dos escuelas de Viena. Su mera existencia nos hace sentir orgullosos por tener en España un cuarteto de arcos de semejante calidad artística. Por si ello fuera poco, los integrantes se amparan bajo el nombre del violinista pontevedrés, Manolo Quiroga, amigo de otro grande del arco, el coruñés, Andrés Gaos. Y, además, el segundo violín es un orensano que tuvo, sobre todo en su etapa formativa, una importantísima relación con esta ciudad. Cibrán lo recordó con palabras emocionadas. Y yo hube de recordar a su paisano Curros Enríquez que también amó profundamente a esta urbe. Pero eso, con ser mucho, no es todo.
No me sorprenden ni los premios, ni los desempeños, ni los compromisos que la agrupación tiene en este momento. Toca de un modo maravilloso, fraseando de una manera exquisita por virtud de un delicadísimo juego dinámico que lleva a la consecución de unos pianísimos estremecedores; y pone de manifiesto una capacidad para la regulación del volumen poco común. La sonoridad de conjunto es asombrosa; sin duda, fruto de un trabajo muy intenso, indispensable para conseguir esa perfección, no sólo en la impecable resolución de los pasajes más arduos, sino -sobre todo- para alcanzar la identidad tímbrica y la perfecta jerarquización de los planos sonoros. Todo el concierto -incluido el bis: Rondó, del Cuarteto en Si bemol mayor, Hob, III: 44, de Haydn- rayó a gran altura. Pero acaso donde más y mejor se demostró el altísimo nivel de esta agrupación fue en la dificilísima y sobrecogedora partitura de Weber que dejó al público asombrado, de manera que la versión fue premiada con una ovación enorme. El concierto finalizó entre aclamaciones.