SALVADOR RODRÍGUEZ | A CORUÑA
Las relaciones de parentesco entre dos grandes de las letras gallegas y españolas han dejado de ser ya objeto de especulación. Tras el descubrimiento realizado por Grato Amor Moreno y José Sánchez de la Rocha ya no puede caber ninguna duda de esta singular vinculación familiar, aunque como dice Francisco Javier del Valle Inclán Alsina, nieto de don Ramón, "en realidad eso era algo que se comentaba, que formaba parte del disque-disque literario, pero está claro que a partir de ahora se convierte en un hecho científicamente probado y no únicamente atribuible a los típicos cachondeos de la imaginación de don Álvaro que, cuando hablaba de mi abuelo, ciertamente solía referirse a él como mi primo".
Valle Inclán Alsina, al igual que otros, creía, hasta hace siete días, que esta vinculación giraba en torno la "pudiera ser que casual" coincidencia del apellido Montenegro entre ambos autores (Montenegro era el segundo apellido del padre de Cunqueiro y el segundo también del propio Valle), pero Grato Amor y Sánchez de la Rocha se han remontado mucho más atrás y han datado el vínculo a la boda entre María Dolores de Saco y Lira y Antonio de Montenegro y Sánchez, un matrimonio que contaría, así pues, en la línea hereditaria masculina, con un tataranieto llamado Ramón María del Valle Inclán y, en la femenina, con un bisnieto de nombre Álvaro Cunqueiro Mora, de manera que la abuela paterna de éste sería prima carnal de la madre de don Ramón.
El mozo impertinente
Abiertamente declarado admirador de su obra desde su más temprana juventud, Álvaro Cunqueiro fue una de aquellas "jóvenes promesas literarias gallegas" que a finales del año 1935, visitaron a Valle cuando éste, convaleciente de la enfermedad que acabaría con su vida, todavía no había sido ingresado en el hospital donde falleció. Su hijo César cuenta que "en esa visita, don Ramón estaba leyendo una edición bilingüe de la Guerra de las Galias de Julio César". ¡Cuál sería la sorpresa de los presentes cuando el joven Álvaro se atrevió a espetarle al maestro!: "Yo sé mucho más latín que usted y no necesito versiones bilingües" . "Es sorprendente -relata César Cunqueiro- que don Ramón, que tenía un carácter irascible, no reaccionase y que, cuando Cunqueiro se fue, le preguntase a su amigo Dionisio Gamallo Fierro, que fue quien me contó a mí esta anécdota, '¿quién es ese mozo impertinente que dice ser mi pariente?". Irónicamente, a esas alturas de su vida los conocimientos del latín del autor de Merlín y familia no debían ser tan vastos como presumía puesto que, según declara su hijo, "mi padre suspendió el examen de latín al que se presentó poco después".
De los últimos días de la vida de Valle Inclán sabe mucho su nieto Francisco Javier, hijo del primogénito Carlos, quien en colaboración con Carlos G. Reigosa y José B. Monleón, es autor del libro La muerte de Valle Inclán: el último esperpento (Ézaro Ediciones). Valle Inclán Alsina, no obstante, nos confiesa ser desconocedor de una espectacular anécdota revelada por el periodista y abogado madrileño Antonio Castro Villacañas, quien en un artículo titulado Apuntaciones sobre Valle-Inclán y el pasado mañana sostiene, refiriéndose al entierro: "El propio Castelao, símbolo del galleguismo antes y después de su muerte, llevó sobre sus hombros el ataúd. No lo hizo el doctor García Sabell, aunque presumiera de ello bastantes años después, cuando fue delegado de Gobierno popular y centrista en Galicia, porque en 1936 era sólo un mero conocido entre los muchos jóvenes que rodeaban a Valle Inclán. Sí lo hizo Álvaro Cunqueiro, quien siempre presumió de ser pariente de don Ramón a través de los Montenegros, rama familiar verdadera o inventada por cualquiera de ambos escritores".
"Lo cierto -nos dice Valle Inclán Alsina- es que todo lo que rodeó aquel entierro fue extraño, y a mí personalmente me parece muy raro que Cunqueiro no hubiese aludido nunca a que él fuese uno de los portadores del ataúd. De hecho, dada la tormenta de lluvia y viento que se desató en Santiago aquel día (5 de enero de 1936) y dada la tensa situación política por la que vivía el país, en vísperas de la Guerra Civil, cualquier cosa pudo ser posible, incluso esa, porque tras al Alzamiento del 18 de julio desapareció muchísima documentación de Santiago. De todas formas, yo lo dudo mucho porque nosotros en nuestra investigación no pudimos probar siquiera que, con aquel temporal que hacía, se hubiese podido efectuar con normalidad la conducción del féretro a la tumba" .
Francisco Javier Valle nos aporta, sin embargo, unos cuantos datos que inciden en el vínculo entre su abuelo y Cunqueiro que van más allá de lo anecdótico: "Te puedo señalar, por ejemplo, que a Valle le llegó un ejemplar del libro de poemas Cantiga nova que se chama riveira (1933) dedicado, en gallego, por Cunqueiro, y que, el 1 de agosto de 1935, el diario El Correo Gallego incluye un artículo en el que don Álvaro se manifiesta a favor de la adquisición de un pazo para Valle... Eso, por no decirte ya que mi propio padre, Carlos, trataba también de primo a Cunqueiro". Por otra parte, los ejemplares que se conservan de El Pueblo Gallego del 9 de enero de 1936 constatan la edición de un telegrama de condolencia por la muerte de Valle, procedente de Mondoñedo y firmado por Álvaro Cunqueiro en tanto que, también en las páginas del diario compostelano, con fecha del 5 de enero de 1986, Antonio López, propietario de la papelería El Sol de Madrid, en la que Valle solía comprar los tacos de papel en los que escribía, recuerda que don Ramón solía preguntarle por su pariente José Cunqueiro Montenegro, médico en Murcia: pues este tal José vendría a ser el hermano de Joaquín, padre de Cunqueiro.
La admiración de don Álvaro
Abundantes son las demostraciones de la admiración literaria que don Álvaro sentía por su primo, del que no sólo alabó su obra sino que llegó a "imaginarse" encuentros y charlas. Claro que, como dice Valle Inclán Alsina, "del mismo modo que puedo constatarte que mi abuelo mentía mucho cuando escribía o hablaba en público de sí mismo, en Cunqueiro tenemos un fenómeno contrario, es decir, que yo soy de los que creen que don Álvaro hablaba muy en serio incluso cuando fabulaba". En el Faro de Vigo del 6 de diciembre de 1952 se leen las siguiente líneas cunqueiranas: "Yo cruzaba bajo el sol, rapazuelo aún, aquella plaza del mercado yendo hacia la casa de mi tía abuela doña Concha Montenegro, donde una tarde, que se aposentó en mi imaginación para siempre, me encontré en la suave penumbra de la sala con mi señor tío (sic) don Ramón María del Valle Inclán con la gran barba de plata dormida, como una mañana, en el remanso de su pecho. Me hizo acercarme a él y posó su mano sobre mi cabeza mientras contaba no recuerdo qué historia familiar (...) ¿Llegaré yo a escribir algún día algo que conceda algún significado a aquella noble e incomparable mano sobre mi testa moza?".
Creadores ambos de sendos y muy particulares universos literarios basados en la esencia, y aún cabría decir, la jondura, de "lo gallego", Valle Inclán y Cunqueiro desplegaron sus respectivas plumas así fuere en la novela como en la poesía, en el teatro como en el relato, los dos compartieron devoción por el periodismo de modo que numerosos periódicos españoles pueden presumir hoy en día de guardar en sus hemerotecas algún que otro texto de Ramón o Álvaro.
Al respecto de los valores homólogos de estos dos ilustres literatos escribe certero Alfredo Rodríguez Vázquez en el Centro Virtual Cervantes: "Hay una forma de ver los temas, de mirar en los argumentos, de hablar de los personajes y de contar las historias en donde podemos encontrar a Cunqueiro e Inclán en episódica coincidencia. Una forma, tal vez, de ver el mundo con lentes galaicas y de referirse a él con un hábito estético donde se entretejen las habas y los registros que ambos gallegos exploran (...) Ambos tienen una doble y vigorosa filiación común con las dos principales corrientes de la modernidad estética del primer cuarto de siglo: el simbolismo y el expresionismo centroeuropeo. El primero se proyecta en la selección de los temas y el segundo en la forma de observar los entornos y de mirar los objetos: con la óptica deformante del sarcasmo en el caso de Valle Inclán, y con el microscopio zumbón de la ironía de rebotica en el de Cunqueiro (...) El entrelazado de elementos líricos, teatrales y narrativos forma parte del natural de estas características comunes".
Literatura y genética, así pues, bien pueden empezar a congeniar con el ilustre ejemplo de este par de gallegos de los que cabría concluir que acaso se soñaron a sí mismos.