JULIO ANDRADE MALDE
La salida de Víctor Pablo al escenario fue acogida con una tremenda salva de aplausos y aclamaciones. Es evidente: la mayoría del público le aprecia y valora cuanto ha hecho durante estos años al frente de la agrupación coruñesa, que ha situado a la cabeza de las orquestas españolas. El director, acaso emocionado, hizo una versión soberbia de la Obertura trágica: sumamente apasionada y con una lectura expandida del segundo tema, lo que produce un interesante efecto de contraste en el conjunto de la obra. Se estrenaba además la última sinfonía de Tomás Marco, encargo de la OSG. Como suele suceder en estos casos, suscitó adhesiones y rechazos. La idea de conferir unidad mediante la reiterada mención de una Cantiga de Martín Códax parece acertada; por otra parte, la dilatada experiencia de Marco se traduce en la búsqueda de efectos instrumentales, de masas sonoras en movimiento que parecen sugerir los cambiantes acentos del mar. El compositor, que saludó por dos veces, fue muy aplaudido por un público siempre elegante en su cortesía.
La presencia de uno de los más eminentes pianistas actuales, Arcadi Volodos, tenía carácter excepcional. Por añadidura, tocaba uno de los grandes conciertos del repertorio: el segundo de Brahms. El artista no defraudó. No será fácil olvidar su diálogo con la violonchelista principal, Ruslana Prokopenko -espléndida-, en un tercer movimiento donde la orquesta consiguió unas sonoridades etéreas, casi impalpables, sin que la identidad del sonido sufriese el menor menoscabo: los arcos, los clarinetes... Todo el concierto fue una maravilla; pero este tiempo constituye un hito difícil de igualar. También Volodos fue aclamado y correspondió con dos bises: El pájaro profeta (de Escenas del bosque), de Schumann, y Zambra granadina, de Albéniz.
Orquesta Sinfónica de Galicia
Piano: Arcadi Volodos
Programa: Brahms, Obertura trágica, opus 81 y Concierto nº 2 para piano y orquesta, opus 83. Tomás Marco, Sinfonía nº 9, Thalassa.
Director: Víctor Pablo Pérez