JAVIER ALONSO | CANNES
El director Oliver Laxe, hijo de emigrantes gallegos en Francia y que ayer presentó su película Todos vós sodes capitáns, única española en Cannes, aseguró que ya tiene una película "en la cabeza" cuya primera parte rodará probablemente en Galicia.
Sobre su trabajo futuro, afirmó que piensa en moverse hacia el sur de Marruecos, "para el desierto". Oliver Laxe habla sobre la cinta que presentó ayer en Cannes: es una cinta "hecha con las manos", rodada en el norte de Marruecos y que el cineasta realizó "de manera sentida".
La película, exhibida en la Quincena de Realizadores, sección paralela del Festival, es un proyecto que surgió del trabajo de Laxe (París, 1982) con niños marroquíes en un taller de cine en Tánger, ciudad a la que llegó en 2006.
"En esta película no estaba interesado en el drama de estos niños", cuenta Laxe a propósito de las precarias condiciones de vida de sus alumnos, a los que se ve en el filme practicando cine con una cámara de 35 milímetros por las calles de la ciudad norteafricana.
El material y el soporte utilizados en la cinta, rodada en blanco y negro, le permitieron a Laxe y a su equipo trabajar literalmente con las manos, con una técnica seguramente muy alejada de la mayor parte de la utilizada en otras películas exhibidas en Cannes.
A pesar de ese desinterés inicial confesado sobre la dura vida de los protagonistas, Laxe confiesa: "curiosamente desde lejos, desde el desenfoque (...) creo que me acerqué más a ellos, a su tiempo íntimo, que se colocase la cámara como se suele hacer en este realismo chocalleiro que llena la imagen contemporánea".
El cineasta gallego piensa que con su trabajo surge "la misma pregunta que se plantean todos los artistas, es decir, de una manera más consciente de por qué hacemos arte. Es la pregunta que ocupa la estética, la ciencia del sentir".
Respecto al taller cinematográfico en Tánger, Laxe afirmó que su propósito con este trabajo (para el que contó con un presupuesto de poco más de 30.000 euros) era "compartir los valores inherentes a la práctica cinematográfica, compartir un proceso creativo, filmar aquello que nos gusta sin ningún tipo de motivación narrativa ni discursiva".
"Es decir, provocar un cierto desafío epistemológico sobre lo que es el cine, sobre su ontología, sobre lo que es una imagen", completa el autor.
Preguntado por el tipo de cine español que llega al Festival de Cannes de manera habitual -este año la suya es la única seleccionada-, asegura que "hay varias dimensiones. Es lícito hacer todo tipo de cine, todas las películas tienen su público y su función". "Yo tengo que entender cuál es la mía y a veces tengo la impresión de que tengo de alguna manera que aliviar, digamos, o subsanar ciertos errores peligrosos o cierta homogeneización de los códigos que provoca un cierto cine, un cierto realismo".
"Es curioso cómo nuestros ciudadanos acaban incorporando ciertas expresiones que pertenecen a este mundo simbólico que es el cine, cierto cine español. A mí me parece peligroso", añade Oliver Laxe.
En cuanto al recorrido comercial de su obra expuesta en Cannes, afirma que "el espectáculo tiene unos tiempos" en los que no participa. "Una película, si es necesaria, acabará viéndose tarde o temprano. Si la mía no se va a ver, lo aceptaré". "Que se exhiba durante tres semanas con equis espectadores (...) es un contenido, es una obra y si es necesaria, si es elegante, perdurará. Si es algo falso, si es algo no sentido o poco elegante el tiempo lo comerá". Sobre sus próximos trabajos, estima: "dependerá del cansancio de Cannes. Tengo ganas de trabajar, me gusta mi profesión. Acompañaré la película por festivales pero, lamentablemente, creo que me voy a cansar pronto de hacerlo y voy a necesitar buscar mi película".
La vida del terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, Carlos, dramatizada en un muy largo metraje, de más de cinco horas y dirigido por el francés Olivier Assayas, se exhibió ayer en el Festival de Cannes. Un estreno por todo lo alto, en pantalla preferente del evento cinematográfico más importante del mundo, fuera de la competición por la Palma de Oro pero no exento de polémica.
Se trata de la versión que, en capítulos, se emitirá en televisión pero que el Festival presentó no en la versión que se distribuirá en salas de cine, lo que permitió un auténtico despliegue del terrorismo internacional de los años 70 y 80 del pasado siglo. Interpretado por el actor venezolano Edgar Ramírez, la cinta cuenta en clave de telefilme y completa con imágenes de la época, el transcurso vital de Carlos, que hace 16 años cumple cadena perpetua por tres asesinatos cometidos en Francia.
Según sus promotores, la película es "la historia de un revolucionario internacionalista, manipulador y manipulado" y Assayas aseguró que el filme es nada menos que "la historia del terrorismo moderno, visto desde su interior". El realizador francés -director entre otros filmes de Paris s'éveille (1991) o Las horas del verano (2008)- ha asegurado que para él era indispensable contar con una duración suficiente como para reconstruir "la complejidad de la época y de sus retos".
Carlos, le prix du Chacal, su título completo -producida por Film en Stock- está dividida en tres partes que emitirá Canal Plus, que se opuso a lo que denominó "cualquier injerencia exterior en el proceso de creación de una obra de ficción, incluso cuando se inspira en hechos reales" después de que la abogada y esposa de Carlos, Isabelle Coutant-Peyre, tratara de impedir su difusión.