M. M. | A CORUÑA
-En el libro, muestra una misión optimista de la tecnología.
-Yo pienso que el progreso es inevitable y que la tecnología bien empleada puede ser clave para el avance de la humanidad.
-Es curioso el sistema de enseñanza que propone en la obra.
-En el sistema que yo avanzo en esta novela, los niños estudian en casa pero los padres no rigen su educación. En vez de ir a la escuela, hacen las cosas a través del ordenador. Los padres tienen un control pero es una educación estatal, personalizada, adaptada al ritmo de cada estudiante a través de un programa.
-¿Cómo socializan?
-Quedan en los centros comerciales para comprar o jugar y oír hablar. Para desarrollar la trama, inventé un sistema informático con un sistema educativo que marca unos fines.
-Es curioso que las mentes más destacadas de la obra sean mujeres.
-En la novela, intento poner en valor el lado femenino. La sociedad de hoy tiene una deuda con las mujeres. Quiero poner de relieve su inteligencia y la existencia de mujeres científicas.
-¿De dónde le surgió la idea del libro?
-Fue coincidencia. La novela surgió de la conjunción de una fecha, el cuatro del cuatro del cuatro.
-¿Por qué es especial ese día?
-Era el día del cumpleaños de mi hija mayor. Fue en esa fiesta cuando jugaba con sus amigos y amigas que ideé el libro con una proyección a un futuro bastante próximo y pensando que cualquier tiempo pasado fue peor. Era la única forma de encajar ciertas ideas. Todo lo que tiene proyección de futuro se encaja en ciencia ficción pero es más una proyección al estilo de George Orwell cuando escribió 1984.