AGENCIAS | BARCELONA
El pintor catalán Antoni Tàpies, uno de los referentes del arte del siglo XX, falleció ayer a los 88 años, confirmaron fuentes del Ayuntamiento de Barcelona, que le concedió la medalla de oro de la ciudad en 1992. El pintor, nacido en Barcelona en 1923 en el seno de una familia burguesa, culta y catalanista, fue nombrado marqués de Tàpies en 2010 por su contribución a las artes plásticas.
Pintor, escultor y teórico del arte, Tàpies fue uno de los maestros del arte de vanguardia del siglo XX con su estilo propio, matérico por el uso de elementos de desecho, pero muy espiritual porque trascendió el soporte de la obra para profundizar en la imbricada condición humana.
Su gran aportación se vio premiada con casi medio centenar de galardones; entre ellos, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1990), la Medalla d'Or de la Generalitat (1983), la Picasso de la Unesco (1993), el Premio Nacional de Artes Plásticas de la Generalitat (1995), el Velázquez de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura (2003) y el Praemium Imperiale de la Asociación Artística de Japón.
Expuso desde los años cuarenta y fundó en plena posguerra Dau al Set junto al poeta Joan Brossa y los pintores Joan Ponç y Modest Cuixart -entre otros-, como grupo artístico de ruptura, dadaísta y surrealista. Se desvinculó en 1951.
Siempre fue sensible a los acontecimientos políticos y sociales del momento: a finales de los sesenta y principios de los setenta intensificó su oposición a la dictadura franquista, y su obra cogió tintes de protesta contra el régimen y ensalzamiento de la catalanidad, con palabras y signos en lienzos como El espíritu catalán (1971), Pintura románica con barretina (1971) y Sardana (1971). Fue encarcelado por asistir a una asamblea clandestina en el Monasterio de Montserrat para protestar por el proceso de Burgos.
Conoció en 1948 a Miró, uno de los artistas que más admiraba. Dos años después, gracias a Eugeni d'Ors, que lo invitó al VII Salón de los Once en Madrid, hizo su primera exposición individual, en las Galeries Laietanes de Barcelona. También en 1950 viajó a París con una beca del Instituto Francés, y allí conoció a Picasso -a quien dedicó una de sus obras públicas más famosas, Homenaje a Picasso (1981), en Barcelona-, y además contactó con las ideas revolucionarias de izquierdas y con la pintura abstracta. A los 18 años había sufrido una larga convalecencia por tisis durante la que empezó a dibujar, y, aunque al recuperarse compaginó su nueva pasión con sus estudios de Derecho en la Universidad de Barcelona, en 1946 abandonó los estudios y se dedicó de lleno a dibujar y pintar.
Fue artista autodidacta -solo estudió un tiempo en la escuela de Nolasc Valls-, y procedía de una familia de tradición editorial, burguesa y catalanista. Su padre, Josep Tàpies i Mestres, era abogado, y su madre, Maria Puig i Guerra, hija de políticos catalanistas.
En su búsqueda también de una nueva espiritualidad, descubrió las religiones orientales, sobre todo el budismo zen. Muchas de sus obras, pese a ser matéricas, deben entenderse desde una perspectiva mística, y con ellas intenta transformar el interior del observador.
Reflexión sobre el dolor
Influido por el pensamiento budista, consideraba que conocer más el dolor hace que sus efectos se atenúen y mejore la calidad de vida. Abordó una reflexión sobre el dolor en sus últimas obras, aunque el paso del tiempo estuvo presente en todas sus etapas.
Las cruces y equis son características de su obra, así como las T mayúsculas por su apellido y el 4, por los cuatro elementos y puntos cardinales. El cuerpo humano y los objetos cotidianos son otros protagonistas: el primero a veces le sirvió para reivindicar lo repulsivo, como un ano defecando y una axila con pelos reales en Materia en forma de axila (1968); los segundos, para revalorizar lo material de la realidad más próxima, como en Materia en forma de sombrero (1968) y Mesa y sillas (1968).
En los años noventa aceptó encargos institucionales aunque la obra que se quedó en proyecto fue el calcetín de 18 metros que había ideado para la Sala Oval del Museu Nacional d'Art de Catalunya (Mnac).
En 1990 creó su fundación en un edificio del arquitecto modernista Domènech i Montaner. Coronado por la escultura de Tàpies Nube y silla (1990), allí se muestra no solo la obra de Tàpies, sino también de otros artistas contemporáneos, con exposiciones temporales que se suspendieron durante más de dos años desde el 1 de enero de 2008, cuando la fundación cerró por obras. En 2010 se reinauguró, y en el patio se instaló una versión del calcetín que había querido para el MNAC, pero a menor escala.
En septiembre de 2011, su obra fue objeto de una exposición cronológica en la fundación que se fijaba en la evolución de técnicas y materiales utilizados por el artista.
La galerista Elvira González, que representaba a Antoni Tàpies en Madrid, recordó que era "un pensador y un intelectual", y añadió que su figura fue un "faro muy importante" para el arte contemporáneo español.
La galerista actualmente tiene programada una exposición del artista catalán en su galería madrileña que aborda la obra realizada durante la década de los 60 y 70.