EL TRABAJO DE FOTO CHAO COMENZÓ A FINALES DEL XIX Y TERMINÓ AL CIERRE DEL LOCAL EN 2005
AGENCIAS
Agencias.Santiago
La Xunta de Galicia destinó 180.00 euros a la compra de 365.000 imágenes de la comarca del Ribeiro obtenidas por la familia de fotógrafos Chao, cuyo trabajo comenzó a finales del siglo XIX y terminó con el cierre del local que tenían en Ribadavia en el año 2005.
La adquisición de los fondos fotográficos fue dada a conocer por la conselleira de Cultura, Ánxela Bugallo, que explicó que, además de eventos familiares, las fotos recogen la vida social y política de Ribadavia, interiores de oficinas, comercios, industrias madereras, obras públicas y un lote "muy interesante" del proceso de construcción de la presa de Castrelo de Miño.
La Consellería, según Bugallo, compró los negativos de los Chao y varias de sus cámaras y destacó la presencia entre el material fotográfico de numerosas fotografías hechas expresamente para enviar a los familiares emigrados, sobre todo de vecinos del municipio de Avión.
Este archivo pasará a formar parte de la sección de fotografía etnográfica del museo de Ribadavia y, según explicó su directora, Covadonga Prado Nistal, se seguirá en la línea de adquirir fondos familiares y ya se ha negociado con las familias Pacheco y Sancho para conseguir un total superior a las tres mil fotografías.
En ese sentido, Prado aludió al archivo Augusto Pacheco que comprará la Xunta e indicó que está formado por 300 imágenes de distintos lugares de la provincia de Ourense y que fueron empleadas por el etnógrafo Xaquín Lourenzo en sus trabajos de investigación, y recordó también el de la familia Sancho, que ya fue comprado en el año 2006 y formado por 3.000 fotografías.
Por otra parte, Antonio Pérez Chao, último de los fotógrafos de la familia Chao de Ribadavia, explicó que él y dos de sus hermanos regentaron la tienda que abrió su bisabuelo Amando Pérez Lorenzo, casado con una mujer de la familia Chao, a finales del siglo XIX hasta el pasado año 2005.
Otro de los hermanos, Amando Pérez Chao, ya fallecido, trabajó como fotógrafo con tienda propia en la ciudad de Pontevedra hasta que se retiró en la década de los 80.
"La adquisición de la Xunta
-añadió- comprende todos los negativos de cien años y tres generaciones de fotógrafos, excepto las que se quemaron en un incendio en los años 50, que eran casi todas familiares".
Chao se refirió a su trabajo para explicar que siempre se negó a fotografiar a personas fallecidas "algo que mi abuelo Luis y mi bisabuelo Amando hacían muy frecuentemente, pero yo no podía", dijo mientras se acercaba al ciclomotor en el que su abuelo iba a Avión para hacer las fotografías que luego los vecinos enviaban a sus familias emigradas al continente americano.