RUBÉN D. RODRÍGUEZ | A CORUÑA
El fútbol es flexible, no tiene verdades ni decisiones categóricas ni definitivas. Cada partido es un mundo y cada rival es un universo diferente que plantea reacciones muchas veces distintas a las tomadas sólo unos días atrás. Cuando parecía que el Deportivo se había amoldado a un dibujo táctico con tres mediocentros por delante de la defensa, dos mediapuntas y un atacante bien visible, de repente, ayer en el partido contra el Valencia, transforma su sistema y retorna a un esquema que utilizó en otras fases de esta temporada y que es más frecuente en el fútbol contemporáneo, el 1-4-2-3-1. ¿Por qué?
Lotina tendrá sus razones y confiará en ellas. Quizá haya reservado a un hombre como Valerón para darle descanso y tenerlo más fresco el jueves contra el Aalborg, lo que le movió a variar su propuesta y reforzar la línea del mediocampo con dos futbolistas más próximos a la banda (Lafita y ayer Juan Rodríguez) y eliminar a sus espaldas a un mediocentro para convertir el pivote en doble (Antonio Tomás y de Guzman). Esta modificación, al margen de los motivos, debilitó el trabajo de contención del equipo deportivista en esa línea de mediocentros que ayer se separó demasiado de los defensas, tuvo muy poca presencia, cometió varias pérdidas de balón -graves en la acción que posibilitó el gol de Villa- y permitió demasiadas maniobras veloces a los hombres más creativos del Valencia -David Silva, Joaquín y el propio Villa-, que contraatacó en ocasiones con más de tres hombres por delante del balón.
Por contra, el regreso a la línea de tres piezas por detrás del delantero propició más apariciones ofensivas del Dépor, especialmente en la primera parte. A estas jugadas les faltó el punto de creación inventiva que otorga Valerón a sus acciones, aunque el equipo coruñés pisó con frecuencia el área ché con hasta cuatro futbolistas prestos al remate y con Lassad como inesperado mago con el cuero en sus botas.
Valerón salió más tarde al campo y entonces el Dépor se adaptó a otra solución en el pizarra, una especie de 1-4-3-3 que enseguida se convirtió en 1-4-4-2 con Lafita y Lassad al frente de la embestida ofensiva en busca de la igualada. Reapareció la presión sobre los contrarios en la zona medular, Sergio también salió desde el banquillo y ayudó a retener más el balón en la media, y el equipo ganó más vistosidad y peligro en su ataque. Villa se marchó del campo por una niñería con la segunda tarjeta amarilla y el Deportivo empató con el cabezazo de un defensa.
Distintas propuestas tácticas decoraron el juego algo desorganizado del equipo. Son métodos que a la postre se acaban olvidando porque en las hemerotecas quedan guardados los goles u otros incidentes. Lotina, no obstante, seguirá estudiando qué diseño debe ser el conveniente para su equipo.