R. D. R. | A CORUÑA
Omar Bravo, el último de los jugadores al que el deportivismo recibió en una presentación oficial en el estadio de Riazor, en julio de 2008, se marcha del Dépor por la última puerta del fondo. El club coruñés se quita un peso de encima al conceder la carta de libertad al delantero mexicano de 29 años, un jugador al que el cuerpo técnico deseaba no volver a ver con el resto de la plantilla en Abegondo. Omar, que no pisa A Coruña desde que se marchó cedido al Tigres de Monterrey en marzo pasado, quedará desligado del equipo blanquiazul en cuanto obtenga de la directiva la confirmación definitiva de su desvinculación.
La página web del club coruñés anunció ayer que el Deportivo y el futbolista habían alcanzado un "acuerdo ventajoso" para que el delantero quedase en libertad y pudiese fichar por cualquier otro equipo. Según reveló después el representante del jugador, Rubén Pérez, Omar aún no había recibido la documentación procedente del club herculino que confirmase el fin de la relación contractual, que le llegó por la noche. "Ha habido buena voluntad por las dos partes", apuntó Pérez, pendiente de una documentación que no tardó en recibir tras esta conversación.
El Deportivo añade en su comunicado en internet que el equipo por el que Omar Bravo firmaría tras acabar su vinculación con el club herculino sería el Chivas de Guadalajara, precisamente del que fue fichado hace un año para que debutase en el fútbol europeo. Sin embargo, el Chivas esperó a hacer oficial su fichaje a que el futbolista dispusiese de toda la documentación, aunque Pérez no confirmó nada: "Se ha hablado con más clubes del país". Los diarios deportivos mexicanos destacaron que el jugador se encuentra en Guadalajara a la espera de iniciar los entrenamientos con Chivas e intentar meterse en la lista y viajar ya con sus nuevos compañeros a Estados Unidos para enfrentarse al Barcelona en un partido amistoso.
Con la condición de jugador libre de Omar Bravo se pondrá fin así a la breve historia de la etapa deportivista del delantero mexicano, empañada por más episodios penosos que gloriosos. "Omar me da muy buenas sensaciones", había comentado Miguel Ángel Lotina el día de la presentación del futbolista en Riazor, donde fue muy bien recibido por varios centenares de aficionados deportivistas. Siete meses después, poco antes de que Omar se marchase cedido al Tigres, el técnico vasco confesaba que se sentía "jodido a nivel personal" y "muy decepcionado" con el jugador.
Entre una y otra fecha el internacional mexicano acusó sus problemas de adaptación a un nuevo equipo como el Deportivo y a un fútbol muy distinto al que se juega en su país. Lotina no tuvo confianza para darle la titularidad, lo relegó casi siempre al banquillo -sólo salió dos veces en el equipo inicial- y llegó a dejarlo fuera de las convocatorias. En los 307 minutos de juego en nueve partidos en la Liga Omar Bravo marcó un único gol.
Disgustado por no tener continuidad, el mexicano pidió a su entorno que le encontrase un destino inmediato en México, aunque desde A Coruña había mostrado una actitud opuesta y hasta el último día declaró que no quería marcharse del Dépor. Se marchó al final. Y cuando terminó su periodo de cesión en Tigres, Augusto César Lendoiro, presidente del Deportivo, intentó venderlo a varios clubes mexicanos en las dos semanas de estancia que tuvo en el país norteamericano. Ninguno quiso pagar por Omar los 3,5 millones de euros que pedía el dirigente blanquiazul, que no había desembolsado nada por el delantero un año antes. Ya en A Coruña Lendoiro comentó que pese a fracasar en sus contactos aún había equipos que deseaban al delantero y que el Tigres podía ser "el tapado". Así parece. No se sabrá hasta que sea oficial, como tampoco si el Dépor sacará algún provecho económico de los dolores de cabeza que le ha causado Omar.