EUGENIO COBAS | A CORUÑA
Dos genialidades en la misma jugada, una de Valerón en el pase y otra de Iván Pérez en la definición, estuvieron a punto de darle al Deportivo su décimo Teresa Herrera consecutivo, pero el Atlético tuvo más suerte en los penaltis y se acabó llevando de forma injusta la Torre de Hércules de plata. El isleño y el santiagués, los mismos que gestaron el 1-0, fueron quienes fallaron desde los once metros. Cosas del fútbol, que esta vez dio la espalda al conjunto coruñés en la tanda de desempate.
Nadie contaba con un desenlace así porque si algún equipo mereció el título, ése fue el Dépor. Empezó el encuentro dispuesto a agradar al escaso público que acudió a Riazor. Para ello mostró de salida las mismas señas de identidad de las últimas dos campañas: orden defensivo, mucho toque y pocos pelotazos. El Atlético, sin Forlán y Agüero, no es tanto equipo. Impone menos. Se notó desde el inicio. El equipo rojiblanco se limitó a salir a la contra y cedió el control al conjunto de Lotina, que no tardó en ofrecer varios detalles esperanzadores. Riki y los dos nuevos, Juca y Angulo, protagonizaron algunas de las mejores acciones en los primeros compases. El madrileño, dejándose caer al centro desde la banda; el brasileño, mostrando su buen golpeo de balón; y el colombiano, regalando un gran pase en profundidad con el exterior de su pie izquierdo.
Adrián López también quiso ganarse una cuota importante de protagonismo. A punto estuvo de marcar cuando se cumplía el primer cuarto de hora. Su disparo desde la frontal, muy ajustado, lo rechazó Roberto con apuros. Fue el único tiro entre los tres palos en los primeros cuarenta y cinco minutos. Riki también acarició el gol poco antes de ser sustituido. Fue en una de sus características jugadas personales. Condujo el balón hasta la cocina, pero la defensa neutralizó el peligro cuando el atacante ya pisaba el área chica del Atlético.
El Dépor hacía méritos para ponerse por delante. Llegaba con relativa facilidad a las inmediaciones de la portería visitante, pero le volvía a faltar lo de casi siempre: el gol. Andaba Lotina preocupado por la falta de pegada y ayer quedó demostrado que esta temporada la definición volverá a ser uno de sus principales quebraderos de cabeza. Y ya no sólo por la eficacia, sino sobre todo porque anoche no es que se viera demasiada fluidez de tres cuartos de campo hacia adelante. Más bien, poca, al menos hasta que entraron Iván Pérez y Valerón.
La afición de Riazor se consolaba porque el Atlético no es que estuviera haciendo mucho más. Sinama Pongole y Reyes, que se animó con un disparo lejano que se perdió por encima de la portería, fueron sus mejores recursos ofensivos. Así, con más pena que gloria, terminó una primera mitad gris. Por lo menos, la grada de Riazor se quedó con el buen sabor de boca de ver al canterano Juan Domínguez peleándose con dos huesos como Assunçao y Santana.
Faltaban ideas y Lotina reaccionó en el descanso dando entrada a Valerón e Iván Pérez. Quería más peloteros, más juego entre líneas para generar ocasiones. La talentosa sociedad no tardó en obtener el premio. Primero avisaron conectando con Pablo Álvarez, cuyo remate final se marchó alto, y poco después de nuevo fueron protagonistas. Valerón se inventó un pase en profundidad y fue Laure, otro canterano, el que centró para que Iván Pérez firmara el 1-0 con una gran volea. Lo demás sobró, en especial el discutido penalti de Angulo sobre Sinama, que Jurado transformó en el 1-1. El empate metió al Atlético en el partido y sembró cierto desconcierto en el Deportivo, que recurrió al contraataque en busca del 2-1. Al final el título se decidió en los penaltis. El Atlético tuvo más suerte y acabó celebrando el Teresa Herrera para romper con una tradición de triunfos locales seguidos que duraba nueve años.