R. D. R. | A CORUÑA
Unos ocho mil deportivistas quisieron probar el aperitivo futbolístico de la campaña y acudieron al primer partido del Deportivo 2009-2010 en Riazor. En honor a Teresa Herrera tacharon Dépor y Atlético una fecha más en sus pretemporadas, el conjunto madrileño con más preocupaciones continentales en su horizonte y el coruñés con el objeto de engrasar las piezas espesas y atascadas de su mecanismo. Si cabe el Deportivo más animado por el reencuentro con un público que este curso será testigo de pocas novedades en la plantilla y que en el transcurso de este discreto verano de resultados mantiene dudas sobre cómo entrará el equipo en la próxima competición.
Los fieles y curiosos que ayer sintieron el trofeo decano del fútbol de verano en España como una parte más de las fiestas coruñesas al menos le quitaron el polvo a más asientos que en ediciones anteriores. El ruido de ambiente fue menor, sobre todo porque lo acentuó el vigor con el que sonó la megafonía con su publicidad y sus himnos deportivistas. El público entendió el partido como un ligero pasatiempo. Aplaudió tras una ocasión, por una sustitución, a los canteranos o porque simplemente Valerón salió a la banda a calentar; protestó con acciones del equipo contrario o contra el árbitro; cantó en el fondo Blues, aburrido por el tono plúmbeo que tomó el choque; pero las reacciones de la grada se sintieron ayer distantes y bajas de volumen. La salida al campo de Valerón en la segunda parte y el gol de Iván Pérez animaron un poco a la grada.
El fallecimiento de Dani Jarque tiñó de luto los preliminares. Su ex compañero en el Espanyol, el ahora deportivista Lopo, se vistió una camiseta rosada de su anterior equipo durante el minuto de silencio que precedió al pitido inicial. A continuación se la quitó para lucir la nueva equipación de su equipo, con más blanco que azul en el tronco.
También el club se acordó de Andrés Fernández, un alevín de su cantera que se recupera estos días de un accidente en un hospital coruñés, y por los altavoces se le transmitieron palabras de ánimo.
Con la llegada del descanso, los aficionados le quitaron el papel de aluminio al bocadillo para digerir mejor la noche y, sobre todo, la velada futbolística de un nuevo Teresa Herrera para olvidar.