EUGENIO COBAS | A CORUÑA
El Deportivo mima a su nueva perla, Juan Domínguez. Nadie contaba con él en la alineación titular. Nadie, salvo Miguel Ángel Lotina, que tiene grandes esperanzas depositadas en el naronés. "Es un pedazo de futbolista", aseguró nada más comprobar su progresión en las primeras sesiones de pretemporada. El joven ilusiona y el club no quiere que nada ni nadie trunque su formación. Por eso, entre otras cosas, le impide hacer declaraciones, una práctica inusual en el equipo coruñés y mucho más arraigada en otros clubes. En el Barça, por ejemplo, ningún futbolista de las categorías inferiores atiende a los medios de comunicación a menos que el club así lo requiera. Pasó, por ejemplo, con Bojan, que guardó silencio durante los dos primeros años que estuvo con el primer equipo catalán.
De momento, Juan Domínguez sólo hablará dentro del campo, vestido de corto y con las botas puestas. Fuera también lo hace, pero sólo en privado. En público, ni una palabra. "Lo que se persigue es que el chico siga con la misma rutina de siempre, sin hacer nada diferente", argumenta Macario Bravo, psicólogo responsable del área educativa de las categorías inferiores del Deportivo. "El club lo que pretende es darle normalidad y naturalidad a la presencia de jugadores en equipos de superior categoría. Igual que Juan está entrenando con los profesionales, también hay juveniles que lo están haciendo con el Fabril, y no pasa nada. No es una cuestión de edad sino simplemente de ir cumpliendo etapas y de ver esto como un proceso natural", recalca Bravo, quien conoce a Juan Domínguez desde que era cadete.
El joven mediocentro, de 19 años, cumple su sexta temporada en el Deportivo, al que llegó directamente desde el Narón. La pasada campaña, todavía en edad juvenil, se convirtió en una de las piezas básicas en el esquema de Tito Ramallo. Domínguez trató de aprender todo lo que pudo compitiendo en Segunda B con el Fabril, igual que en todas las categorías por las que pasó, en las que tuvo como entrenadores a Daniel Patiño, David Sánchez y José Luis Devesa.
En 2006 Joaquín Caparrós se lo llevó a Isla Canela para que hiciera la pretemporada con el primer equipo. Incluso llegó a convocarlo para la última jornada de Liga, frente al Espanyol en Montjuic (1-3). Tres años después, Domínguez ve más cerca su sueño de debutar en Primera División. No sólo tiene talento. También aflora en él otra cualidad tanto o más importante: la madurez. Comparte vestuario con algunos de sus ídolos, como Valerón, pero eso no le va a cambiar. Tiene los pies en el suelo y sabe bien lo que quiere: ser futbolista. Lo tiene claro desde hace tiempo. Por eso cuando fichó por el Dépor no le importaba pegarse cuatro o cinco palizas semanales desde Narón hasta Abegondo para poder entrenar.