J. I. CASTAÑÓN | OVIEDO
Quien olvida la historia está condenada a repetirla es una de las frases más escuchadas de boca de los historiadores. Y a la vista del revuelo, con un punto morboso, en torno a la sexualidad de la surafricana Caster Semenya, reciente campeona del mundo de 800 metros, habrá que colegir que es cierto. El caso no es nuevo, ni mucho menos, y evoca el de otras atletas más o menos conocidas en los que la ambigüedad sobre su sexo trascendió más allá de las pistas.
El asunto Semenya guarda un evidente paralelismo con el de Samukeliso Sithole. Con sólo 17 años (uno menos que Semenya) y natural de Zimbabue, Sithole había arrasado en el medallero nacional de 2004 y contaba hasta con medallas internacionales en categorías menores. Un año después se convertía en el señor Mduduzi Ngwenya. Su triste historia se había cocido en un caldo de cultivo de pobreza, curanderos, hermafroditismo y falsificación de documentos públicos.
Pero los precedentes son varios. El más famoso fue el de la polaca Stanislawa Walasiewiczowna, medallista en el hectómetro en los Juegos de Los Ángeles 32 y Berlín 36. Conocida también como Stanislawa Walasiewicz o Stella Walls (vivió prácticamente toda su vida en Estados Unidos), murió tiroteada en un atraco en Ohio en 1980 a los 69 años. Cuando le hicieron la autopsia descubrieron que Stella tenía genitales, lo que llenó de zozobra al Comité Olímpico Internacional.
También de la década de los años treinta data el caso del Dora Ratien, quien compitió en los Juegos de Berlín de 1936 representando a Alemania en salto de altura, sustituyendo a la mejor saltadora germana, excluida por ser judía. Dora confesó años después que era hombre (Hermann) y que compitió como mujer fue presionado por las circunstancias de la época.
Semenya aparte, curiosamente la prueba de los 800 metros ha estado unida a dos de las corredoras que han tenido que cargar con el calificativo de hombrunas por sus rasgos: la checa Jarmila Kratochvilova, recordwoman mundial de la distancia desde 1983, y la mozambiqueña María Mutola, la que más títulos acapara.
España y su atletismo no han sido ajenos a la sexualidad de sus atletas. Y es que hubo un tiempo en que atletismo y feminidad iban por aceras distintas. Tanto fue así que entre 1941 y1960 el franquismo prohibió el atletismo femenino al considerar que favorecía la masculinidad a sus practicantes, una palpable diferencia con otros regímenes totalitarios de su entorno que promovían su práctica. La primera campeona de España del franquismo data de 1963.
El asunto Semeneya trae a la memoria el de la vallista viguesa María José Martínez Patiño, que fue plusmarquista de los 60 vallas en los años ochenta. Martínez Patiño arrastra una historia digna de una película dramática. Tras haber sido acusada por algunos de sus compañeros de la residencia Blume, que da cobijo a los deportistas de elite español, de practicar la brujería en pleno siglo XX, fue cazada el 31 de agosto de 1985 por la Federación Internacional en un control de sexo practicado con motivo de la Universiada de Kobe (Japón). A Patiño se le detectó que su cromosoma era xy y no el xx prototipo femenino. La Federación Española pactó con la gallega una "retirada honrosa" del atletismo intentando convencerla para que fingiera una lesión y no se viera envuelta en un escándalo internacional. Patiño se negó al amaño y desafió a la Federación corriendo en en el Palacio de los Deportes de Oviedo en el invierno 1986, y mantuvo siempre su inocencia (era y es una mujer). El médico de la Federación, el archifamoso por la operación Puerto Eufemiano Fuentes, ginecólogo para más señas y que había confirmado el diagnóstico japonés en cuanto a la alteración del cromosoma. se mostró tajante y acertado: "El rendimiento de una atleta no tiene porque superior si presenta cromosomas xy", dijo.
El 15 de octubre de 1988 la Federación Española recibía un comunicado del Comité Médico de la Federación Internacional que absolvía a la atleta y daba luz verde para que Patiño volviera a competir y recuperara todos sus récords, de los que había sido desposeída. Justo el día en que se levantó su sanción el atletismo estaba en plena ebullición por un tema que suena a conocido: Cristina Pérez, quien sería esposa de Eufemiano Fuentes y que llegó a conocerse en los ambientes atléticos como la farmacia ambulante, daba positivo en un control que la Federación Española silenció.