GONZALO RABUÑAL
La jornada de descanso ha servido para evaluar los daños de la caída en Lieja y ahora mismo los compañeros que más preocupan son Ezequiel Mosquera y Gustavo Domínguez.
Ezequiel se levantó con el tobillo hinchado y no pudo salir a entrenar. Según fueron avanzando las horas, parece que fue mejorando un poco y pudo subirse al rodillo, pero continúa con molestias y con la zona inflamada y además se le está formando un hematoma. A ver cómo se levanta. De todas formas, conociéndole, sé que para apearle de la bici se necesita mucho más. Seguro que seguirá.
Por otra parte, Gustavo Domínguez tuvo que recibir cinco puntos de sutura en el muslo. Se puede decir que es el tercer peor parado de la caída. Descansó durante todo el día y está tomando antibióticos, para evitar que se le infecte la zona.
Gustavo César Veloso fue el que mejor ha evolucionado de su golpe en el talón. Aunque tampoco salió a rodar con el resto del equipo (sólo pudimos ir seis), ya está bien.
En mi caso, el día de descanso funcionó a la perfección. Al andar todavía cojeo y a pesar de que sobre la bicicleta al principio sentía molestias, en cuanto el músculo cogió su temperatura, se esfumaron todos los dolores.
El resto del día lo dediqué a eso, a descansar. Para empezar, ya pude dormir todo cuánto quise e ir a desayunar a la hora que me diera la gana. Después, un poco de bici, masaje y a volver a descansar.
Tuve tiempo también de conectarme a internet y ver las imágenes de la caída. Una y otra vez. La verdad es que fue impresionante, parecía que habían echado una bomba en mitad del pelotón. Sorprende que tan sólo haya causado dos fracturas.
La conclusión sobre la caída es unánime: la culpa de la montonera la tuvo un corredor en concreto, pero si no llega a ser él, seguro que, tal como iban las cosas, hubiese caído otro. Eso sí, más atrás del pelotón, con lo que nos hubiéramos librado. Una pena.
No sólo hemos sido los corredores los que hemos tenido que sufrir sus consecuencias. Si para nosotros ha sido una jornada de descanso, los mecánicos no han podido parar. Estuvieron de viaje toda la noche, llegaron a las ocho de la mañana y se pusieron a arreglar y montar bicicletas. En Lieja nos cargamos cuatro. Ellos sí que pueden dormir a gusto.